Viaje a Túnez
Hace una semana que he venido de un viaje a Túnez.
Bueno... ya había estado hace unos años en Marruecos y hace dos en Egipto, aunque la única conexión entre estos tres paises es la religión, pero qué más queréis si esto les mantiene en un estado incoherente con la realidad del momento en el que vivimos.
Es sorprendente ver cómo puede vivir la gente a caballo entre el pensamiento religioso y la multitud, yo diría casi la totalidad de tejados sin tejado, azoteas de las proximidades del desierto llenas de antenas parabólicas para captar todas las imágenes que el resto del mundo emite constantemente.
La verdad es que no he tenido la oportunidad de compartir ni un sólo día en casa de una familia poseedora de éstos enormes platos con cuerno que colocamos en los tejados y nos conectan con un mundo lejano, con un planteamiento de vida ajeno al nuestro, y claro, no puedo decir de qué forma influye ni cuál es la opinión de los que ven este otro mundo a través de una pantalla de televisión y en tiempo real tanto noticiario manipulado tanto desde oriente como de occidente, de modo que sólo me pregunto qué pensará, qué pasará por la mente de un niño de 15 años o de 16 en plena adolescencia, en pleno desarrollo de su personalidad cuando ve por la televisión cómo viven en otros lugares y como no pueden vivir igual allí.
El simultanear en el día a día, el móvil, la televisión, internet, etc., es decir todo aquello que nos conecta con el mundo y al mismo tiempo no dejar al pensamiento el libre divagar, se me hace harto complicado.
La verdad es que en estos viajes uno hace únicamente lo que le dejan hacer, uno ve sólo lo que le dejan ver y uno recibe la información que sólo le quieren dar. El viaje, como todos los anteriores a paises islámicos y aún con todo lo que aluciné en Egipto, no deja de ser un engaño.



