A primera hora de la mañana
En el momento en el que hoy me detengo a pensar en mi vida, me planteo seriamente si no estoy perdiendo la oportunidad de hacer algo por los demás.
El sólo hecho de pensar en mi mismo y en los más próximos o por quienes más cariño siento, quizá no sea suficiente, el llevar una vida lo más coherente a mis pensamientos y ser honrado en mi hacer, en mi trabajo, en mi vida en definitiva, quizá no sea suficiente. Porque qué pensaré en el último momento si la vida me permite ese momento, es decir, si llegado el momento, la hora de mi muerte, soy consciente de que llega y sólo he de conformarme con no haber sido mal ciudadano, mala persona, mal amigo, mal compañero en ese viaje de la vida.
No me importa qué hay detrás de la vida, nunca he creido que hubiese algo más, sin embargo y por contradictorio que resulte, sí me preocupa qué se pensará de mí una vez desaparecido. Desde luego que nunca lo sabré, pero el hecho de que la gente que me ha conocido, quienes han tenido relación conmigo, no se hayan sentido satisfechos con mi forma de hacer o simplemente no hayan comprendido que dentro de mi personal forma de pensar y opinar no existía nunca un mal pensamiento me entristece.
De modo que qué he de hacer para que lo que me quede de viaje esté bien aprovechado, qué he de cambiar para que no sólo los más cercanos puedan aprovechar de mi el paso de mi vida.
En los últimos años han proliferado las O.N.G. y yo aún no he visto en ellas una salida para ser mejor persona, sin embargo soy consciente de su necesidad, de su labor, del altruismo de la inmensa mayoría de sus integrantes, por desgracia no de todos.
La Religión ha ofrecido siempre un gran refugio para quienes piensan que hacen poco por la humanidad, pero es tan fuerte su proselitismo, su necesidad por competir en ser los sucedáneos del acercamiento al más allá, a Dios, que tampoco me han satisfecho el deseo de pertenencia a su pensar.
Sé que con que cada uno de nosotros hiciese lo mejor por los demás a pequeña escala sería suficiente, pero sé también que hay muchas personas que están luchando por hacer un mundo mejor de forma poco conocida. Soy consciente de que en este mundo actual, los medios de comunicación, el marketing, la proximidad a los políticos y a las mafias que muchos de ellos en paises sin control ejercen, ayudan a mitigar el sufrimiento de los más necesitados, y esto es lo que resulta más doloroso, saber que para mitigar el sufrimiento hay que estar al lado de los que se aprovechan de él, saber que ni las leyes, ni los paises fuertes, democráticos, tienen en su poder el hacer un mundo menos cruel.
De modo que una vez más llego a la misma conclusión, de qué sirve una democracia, ¿sólo para saber que de lo habido no es lo peor?, ¿sólo para poder decidir entre un montón más de gente quién va a ser el grupo social que va a mandar por un periódo de tiempo? Si esto es todo lo que puedo hacer, no es bienvenido ni tranquilizador, mi deseo no puede quedar simplemente ahí, mi deseo de una convivencia llana, relajada, sin mejores ni peores, sino simplemente gente con principios y dignidad.
He arriba, en las anteriores líneas, la utopía del pensamiento bondadoso, y no, no se puede, es inviable pensar que algún día el mundo será mejor, siempre ha sido así y seguirá siendo tan cruel. Simplemente tendremos la suerte de haber nacido en uno u otro lugar.




Comentarios sobre A primera hora de la mañana
SAVEMOS QUE DEVEMOS APROVECHAS CADA MOMENTO DE N COMO SI FUERA EL ULTIMO MOMENTO DE NUESTRA VIDA..
ESPERO QUE SIGAS ESCRIBIENDO MUNCHOS PENSAMIENTOS SUBJETIVOS
SAVEMOS QUE DEVEMOS APROVECHAS CADA MOMENTO COMO SI FUERA EL ULTIMO MOMENTO DE NUESTRA VIDA..
ESPERO QUE SIGAS ESCRIBIENDO MUNCHOS PENSAMIENTOS SUBJETIVOS