Los Churros
miércoles, 30 de mayo del 2007 a las 21:37
PRIMER ACTO (Comienza con música, La mañana, de Peer Gynt, GRIEG durante un minuto y treinta y cinco segundos, aproximadamente, según versión) Hoy es Lunes. Son las 8,00 horas de la mañana y suena el despertador: pi-pi-pi, pi-pi-pi. - TOMAS: (desperezándose) ¡Ahhhh!, Pili levántate, anda. Prepárame la ropa y el desayuno. - PILAR: (con voz de primera hora de la mañana) ¿Cuándo vas a aprender a calentar la leche? - TOMAS: ¡Venga!, que luego llego tarde y sabes que no me gusta. Pilar se levanta parsimoniosamente (suenan los muelles de la cama, unos pasos de talones y zapatillas en chancla), se ha dirigido al servicio (suena un ligero ruido al chocar la primera micción de la mañana contra el inodoro, el romper del papel higiénico y la cadena del water), de nuevo otros pasos a chancletazos hasta la cocina y el cacharreo de calentar la leche. Entre tanto se oyen esos ruidos de fondo:
-TOMAS: (Con voz áspera y ronca de la mañana y entre bostezos) ¡Los Lunes son horribles...!
Se levanta, se dirige al cuarto de baño y realiza una operación similar a la de Pilar, y además se lava la cara y los dientes (se oye el ruido del grifo abierto, y del cepillo sobre los dientes) (Aquí debe coincidir con el momento de mayor sonoridad de la orquesta) - PILAR: (Con voz cansada): Ya te he dejado el desayuno preparado. ¡Hasta luego!, ¿me das un beso? - TOMAS: Venga, que sabes que no me gusta llegar tarde. - PILAR: ¡Que asquerosito eres, hijo! (Se acaba la música y se oye el crujir del colchón. Pilar vuelve a tumbarse en la cama y comienza a hablar para sus adentros y a soñar): - PILAR (monólogo): Que a gusto, toda la cama para mí solita... Tengo que llevar a Joaquín al logopeda, es demasiado mayor para hablar así.Su hermana habla por los codos, ¡es una ratilla!¿Por qué se le atascarán las palabras?¡La culpa es de su padre, siempre metiéndose con él!Y es que este niño es muy sensible, no tiene cabeza para pensar en fútbol ni en todo lo que a su padre le gusta.Que si ¡vámonos al campo!, que si ¡a correr!, que si ahora ¡a jugar al fútbol!Siempre atacándole... , y a este niño le gusta ir a su aire, es muy tranquilo, le gusta pensar en las musarañas. ¡A saber qué pensamientos rondarán por su cabeza...!
Y para colmo, Asunción, su maestra, tan rubia y delgada, que a este imbécil se le cae la baba con ella. Cada vez que hay que ir a hablar con ella: “¡No te preocupes cariño que yo iré”. Y seguro que es para lo mismo de siempre: “Que si el niño debe tener problemas, que no se relaciona, que no participa de las clases, ¡que siempre está sólo!...” - ASUNCIÓN: (Con voz lejana, con un pequeño eco, recordando en la memoria) Hay que llevarle al psicólogo, todavía estamos a tiempo. (El diálogo pasa del sonido en eco al presente) - TOMAS: Lo que tú digas Asunción, pero yo creo que lo que necesita es jugar más al fútbol, ya verás como cuando le den dos patadas reacciona. - PILAR: (Va desvaneciéndose la voz, ha vuelto a coger el sueño) Tú siempre igual. Al niño no le pasa nada, sólo que es así, o es que todos los niños tienen que ser traviesos y jugar al fútbol. Pasan 3 segundos y de pronto vuelve a sonar el despertador: pi-pi-pi, pi-pi-pi, pi-pi-piSuena música: Danza china de “Cascanueces”, Tchaikowsky, aproximadamente un minuto y veinte segundos, según versión. - BEGOÑA: ¡Mamá!, ¡mamá! - PILAR: (Con voz cansada) Ya voy hija. (Se oyen unos pasos acercarse y dos besos). Buenos días, ¿qué tal noche ha pasado mi niña? - BEGOÑA: ¡Quiero hacer pis! - PILAR: Vamos al servicio... - JOAQUÍN: (Desde lejos) ¡Mamá!, ¿es la hora?
- PILAR: (desde el servicio) ¡Vamos, arriba!, que hay que ir al cole. - JOAQUÍN: (con voz más cercana) Mamá, las personas ¿cuándo pueden hacer lo que quieran sin que nadie les diga nada? - PILAR: ¿Qué quieres hacer? - JOAQUÍN: No, nada, era sólo una pregunta. - PILAR: Estas bragas están ya muy viejas y hay que tirarlas. - BEGOÑA: (con voz melosa) ¡Jo mamá, no las tires que son las que me regaló la abuela! - PILAR: Pero hija si ya no valen... - BEGOÑA: ( casi gimiendo) Pero a mi me gustan... - PILAR: Tú si que no tienes problemas de comunicación.(Imitándola): ¡Jo mamá, no las tires que son las que me regaló la abuela! (Suenan voces de niños a la entrada del colegio) - PILAR: ¡Venga, hasta luego! Dadme un beso y portaros bien. - JOAQUÍN Y BEGOÑA: (Casi al unísono) ¡Adiós mamá!
SEGUNDO ACTO Durante cinco segundos suena ruido de un centro comercial y de fondo: “ofertas en ropa de primavera, sección 3, primera planta” Pilar, de regreso a casa, va haciendo la compra por el camino. De pronto se cruza con un hombre muy atractivo, queriendo reconocer en él a alguien. - CARLOS: (Denotando inseguridad) ¿Pilar?Ella se vuelve, pero no reacciona. - CARLOS: ¿Eres tú, Pilar? - PILAR: (dubitativa) ¿Carlos?, ¿eres Carlos?, ¿qué tal?, ¡cuánto hace que no te veía! (Dos besos) - CARLOS: Desde que me marché a Barcelona, hace unos ocho años. Estaba seguro de que eras tú, no has cambiado nada. - PILAR: No seas tan galante, claro que he cambiado, estoy más gorda y más vieja. Tú si que no has cambiado. ¿Qué haces por aquí?, lo último que supe de ti es que te habías casado.
- CARLOS: ¿Te apetece un café? - PILAR: Sí, claro. (Entran en una cafetería y se oyen ruidos de tazas, calentador a presión de leche, etc.) - CARLOS: Mira, ahí hay una mesa, ¿nos sentamos?. - PILAR: Sí, ¡estoy cansadísima! - CAMARERO: Buenos días, ¿café? - CARLOS: Sí, con leche para mi. - PILAR: Yo también, pero corto de café, por favor. - CARLOS: Y unos churros. (Con voz más baja dirigiéndose a Pilar en plan confidencial). Los churros de Madrid tienen algo especial, traen buenos recuerdos. - PILAR: Bueno, cuéntame, a qué te dedicas. ¿Terminaste arquitectura? - CARLOS: Sí, tengo un despacho en Barcelona. Y tú, ¿terminaste... geografía, verdad? - PILAR: Sí, terminé y comencé a dar clases, pero tuve que dejarlo. Tengo dos hijos preciosos. Un niño y una niña. - CARLOS: ¡Qué bien!, y ¿ qué edades tienen?
- PILAR: Pues Joaquín, el mayor, tiene siete años, es un chico muy guapo y bueno, demasiado sensible para los tiempos que corren. No es que sea tímido, te diría, y no es amor de madre, que es más inteligente que los niños de su entorno, así que apenas se relaciona con ellos. No le gusta jugar y se pasa el día pensando no sé en qué, pero sé que piensa. Le pregunto, ¿estás aburrido? Y me dice que no, que así está a gusto. Se entretiene leyendo libros o viéndolos, la verdad, no lo sé. Nunca le he visto con un tebeo o con un cuento. Dice que no le gustan. No sé a quién habrá salido. Su padre es todo lo contrario y yo tampoco era así. Así es que su padre se desespera. Él, cuando vino el niño, ¡tan contento!. Se le hacía la boca agua soñando en llevarle a ver partidos de fútbol, jugar con él a peleas y todo eso que les gusta hacer a los padres con sus hijos, pero este niño es de otra madera. Yo no sé qué rondará por su cabeza.Y luego a los dos años tuve a Begoña, que es igual que yo de pequeña, una ratilla. Pero que te voy a decir yo si soy su madre.Y tú ¿qué?, ¿te casaste? - CARLOS: Sí. Después de terminar la carrera me marché a París a hacer un master y allí conocí a Merçé. Era una rubia muy guapa, de una familia de empresarios catalanes. Habíamos estudiado en la misma facultad, sólo que con dos años de diferencia y, no nos habíamos conocido. Tuvo que ser en París donde conociese a la que luego fue mi mujer. - CAMARERO: ¿Corto de café?... - PILAR: Para mí. - CAMARERO: Y el normal para usted. ¿Los churritos?
- CARLOS: Gracias. Los churros de Madrid son otra cosa... - PILAR: Bueno, sigue. ¿Fue muy romántico? Se ha ido desvaneciendo el sonido de la cafetería hasta que ha dejado de oírse. - CARLOS: París... es París. Estuvimos un año allí. El invierno parisino es muy frío, ¡ya sabes...! Así que, pronto decidimos que para qué íbamos a ocupar apartamentos distintos. Yo compartía apartamento con un chico alemán, un italiano, y un asturiano con el que todavía tengo buena amistad. Así que Merçé me ofreció que compartiéramos el suyo. Ella vivía sola y las noches parisinas son muy frías, ¡ya sabes...! Por cierto, tu marido no será aquel chico con el que salías la última vez que te vi en la fiesta de fin de curso, que organizábais los de Historia; un chico moreno, alto que hacía empresariales. - PILAR: Sí, Tomás. Ya va para 14 años que nos conocemos. Ha pasado mucho tiempo y todo ha cambiado. Ahora no tiene tanto tiempo para mí, sólo para su trabajo. Sus clientes no le dejan ni un minuto en paz. Llevo una vida bastante triste y aburrida. Ninguna emoción. ¡Todos los días son iguales, y el tiempo pasa tan deprisa...! Te levantas, haces los desayunos, vistes y lavas a los niños, los llevas al colegio, te vas a hacer la compra, vuelves a casa y sólo has cruzado palabras tontas con la cajera del supermercado. Recuerdo que mi madre llegaba tan contenta de comprar, se juntaba en la tienda con las vecinas del barrio, allí cotilleaban un poquito, marujeaban y hablaban de sus cosas, de sus maridos, de sus niños. ¡Tonterías...!, pero que llenaban sus vidas y se desahogaban; luego, con el tendero o con la tendera cuatro bromas tontas:“¿Tienes huevos?”, y el tendero: “soy el que más güevos tiene de toda la tienda”.
Y así era. Era el único hombre. Y todas a reír. Tonterías sí, pero había comunicación. Pero ahora, tanta comunicación, tanto Internet, tanta plataforma digital, para llegar al supermercado y no tener con quien hablar. Y de pronto llegas a la cajera y piensas ¿me dirá algo? Y claro, como los trabajos están así..., a las pobres chicas las meten unas prisas..., y además seguro que no les dejan estar de cháchara. Así que, vacías el carro en la cinta de la caja y a velocidad de vértigo terminan diciéndote: (con voz rutinaria): 4.835 pesetas, ¿tiene usted las 35?. Luego llegas a casa, y el único consuelo que te queda es oír la radio o que te llame alguna amiga para charlar un rato. - CARLOS: Bueno, pero tu marido no llegará muy tarde de trabajar. - PILAR: A veces sí y a veces no. Pero no se trata de eso. Es que ya no es como antes, como al principio de casarnos. Íbamos al cine, charlábamos, me contaba todo lo que hacía y le ocurría en el trabajo... - CARLOS: ¿Y ahora no?
- PILAR: No. La verdad es que no ha pasado nada. Quiero decir que sí hemos tenido discusiones, como todo el mundo, pero nada importante. Con la familia nos llevamos bastante bien. Los abuelos se portan muy bien con los niños, y no se meten en nuestra vida para nada. No nos vemos mucho..., bueno, quiero decir que salvo fines de semana, fiestas de cumpleaños y otros compromisos, no solemos vernos. Si acaso cuando alguien está enfermo, una llamadita para ver qué tal va eso. Pero los abuelos se portan bien, tanto los padres de Tomás como los míos. Tengo una suegra que cuántas quisieran. Es muy buena mujer, y si por ella fuera, se quedaría todo el día con los niños. Siempre me dice: “Pili, déjame a los niños cuando quieras y vete con Tomás. Divertiros ahora que podéis”. En casa de mi marido todos me llaman Pili; empezó Tomás hace años, cuando nos conocimos, decía que Pilar le parecía demasiado serio y... bueno la verdad es que me da igual Pili que Pilar. - CARLOS: ¡ Y tu qué, que no se los dejas! - PILAR: El qué. - CARLOS: ¡A los niños! - PILAR: Si no es que no quiera dejárselos, ya te digo que me llevo muy bien con ella. Es que, para qué. Desde que tuvimos a los niños, todo ha cambiado, hasta me parece que el día tiene más horas que antes. Si no, no sé cómo me da tiempo a hacer todo lo que hago. Antes nos divertíamos mucho, salíamos con otras parejas, íbamos a casa de unos, a casa de otros, charlábamos muchísimo, nos pasábamos todo el tiempo hablando; ¡de qué íbamos a hacer¡ de todo tipo de ilusiones; pero después todo eso se truncó, y ahora somos igual que eran nuestros padres; todo son miedos, prisas, preocupaciones... ¿Sabes? Últimamente creo que nadie es adulto hasta que no es padre. No saben la cantidad de cosas que se pueden tener en la cabeza, ni lo que puede dar de sí el día.
Los dos primeros años de casados estuvimos solos, ¡para disfrutar un poco¡, como todo el mundo; pero no teníamos dinero, y eso que trabajábamos los dos. Había que amueblar la casa, pagar algunos créditos; pero no nos importaba. Llegaba un puente, cogíamos nuestra tienda de campaña, todos los bártulos y en el “dos caballos”, ¡que no cabía un alfiler! , pues venga a la montaña. Y nos queríamos mucho. Nos pasábamos el día diciéndonos tonterías románticas, jugando a cada paso que cruzábamos, y todo eso... Yo le llamaba a su trabajo por teléfono al rato de haberle dejado en la puerta; después me llamaba él. ¡Ya ves! y acabábamos de estar juntos ¡No teníamos tanto que contarnos! Nos queríamos mucho. No es que ahora no nos queramos, pero no es lo mismo, desde que tuvimos a los niños, tenemos otras alegrías. Me acuerdo una vez, a los dos meses de casarnos. Bueno me da vergüenza de contártelo. CARLOS: ¿Por qué? ¡Cuéntamelo! Tu y yo hablábamos mucho, no veo por qué hay que perder ahora esa confianza. PILAR: (Con voz de vergonzosa) Bueno, en honor a la amistad ¿eh?, pero es una tontería.
Tomás era un hombre muy romántico y creo que muy fogoso; siempre estaba dispuesto, así que un día se empeño en que me quería hacer el amor en el ascensor de casa, ¡ya ves!, y a mi la verdad, me parecía una tontería que estando tan cerca de mi cama, tuviera que estar haciendo numeritos en el ascensor; pero poco a poco y a pesar de que en un principio yo me negaba, me iba resultando más interesante la idea. Yo no le decía que sí, pero por dentro tenía cierto morbo. Así que, recuerdo una noche que habíamos salido con otra pareja a tomar algo, y yo me había tomado un whisky con limón, ¡ya sabes que yo nunca he bebido!, así que, aquel día yo iba “bolinga” total, y cuando llegamos a casa y tomamos el ascensor, Tomás dio al botón de parada entre un piso y otro, y empezó a besarme y a meter su mano bajo mi falda, y no me resistí ni un poquito siquiera, fue totalmente espontáneo, maravilloso, ¡como en las películas!. Pero ahora, la verdad es que ni hablamos, se supone que seguimos queriéndonos, pero ya cuando nos besamos lo hacemos de forma mecánica, sin sentir nada. Antes cuando me besaba había sentimiento; ahora no encuentro diferencia entre besar a mi marido o a mi padre. Veo en él a un padre, es más un compañero que me ayuda en la tarea de cuidar a mis hijos que un hombre. Verás quiero que me entiendas, que no me interpretes mal. No es que piense que él no es un hombre, ni que no me guste o que no le quiera; sigue siendo un hombre muy atractivo, aunque la verdad ha echado un poco de barriga, de esas que llaman “de la felicidad”; ¡que yo más bien creo que son de conformismo, de dejadez! Pero ya no tiene esos detalles de antes conmigo, ya no me dice ¡qué guapa estás! o ¿qué es eso que te has comprado? , si te queda bien o te queda mal; ni siquiera me dice que me quiere, y eso para una mujer es muy importante. Claro, él se va a trabajar y ve un montón de chicas guapas en la oficina, ¡que no es que yo crea nada!, pero allí habla con compañeros, con clientes. Después desayunan juntos, van a comer..., y cuando llega a casa ya ha tenido su ración de comunicación y está cansado, aunque tiene tiempo para los niños y se preocupa mucho por ellos, pero conmigo todo ha cambiado. Cuando llega me da un beso como el que enciende la luz de la cocina, pregunta ¿qué tal?, pero espera que le diga que todo muy bien, pone la televisión, ve las noticias, los deportes y cuando nos acostamos no pasa ni un minuto y ya se ha dormido. Luego, los fines de semana: el sábado comemos en su casa y el domingo en la mía. Él habla con el resto de los hombres de sus cosas: de fútbol, de trabajo..., y yo con mis hermanas o mis cuñadas...; y una semana más sin que haya ocurrido algo interesante. Así que, veo en él a un miembro de mi familia, pero yo todavía le quiero, incluso creo que continúo enamorada de él, solo que necesito que él me vea como mujer, y no como la madre de sus hijos. Soy joven, tengo treinta y cinco años y muchas ganas de vivir. Cuando tenía 16 años pensaba que a los treinta y cinco ya se era viejo. Recuerdo que, una vez mi madre vino muy triste a casa, le pregunté qué le pasaba, yo debía de tener trece o catorce años, porque fue justo después de que me viniera la regla; entonces yo tenía aquellas conversaciones entre madre e hija que luego dejan de tenerse, porque a ti no te interesa comentar los rollos con los chicos, y tu madre se desespera porque ya no te tiene tan controlada; pues le pregunté qué le pasaba, y es que se había muerto una amiga suya, y le dije: ¿qué años tenía?. Treinta y siete, me dijo. Y a mi me pareció lo lógico, a los treinta y siete años uno ya ha vivido mucho y es viejo, al menos así pensaba yo desde la perspectiva de adolescente de 13 ó 14 años. Debía ser porque una empieza a hacerse mayor y se cree que aún quedan muchos años para llegar a esa edad, y que a los cuarenta ya se ha vivido todo lo que se tenía que vivir; pero resulta que ahora soy yo la que tiene treinta y cinco y te digo la verdad, se me ha hecho tan corto que, no me ha dado tiempo a nada.
- CARLOS: De todos modos no debes de preocuparte, como tú dices eres aún muy joven, y tus hijos son aún muy pequeños. Te debes a ellos, al menos un poco tiempo más, y la vida gira como una noria, nunca se sabe. Tu situación actual no es tan mala, incluso te diría que es muy buena. Siempre se dice eso de la salud, y por lo que me cuentas, en tu casa la hay a raudales. Que ahora te encuentras un poco sola, es natural, el paso de ser libre a que dos niños, dos vidas, dependan de ti, no deja de ser muy importante, y aunque sea ley de vida, es lógico que te sientas un poco atada. Además, los tiempos han cambiado tanto desde nuestros padres a nosotros... Antes un matrimonio separado era un caso insólito que estaba muy mal visto, y los hijos de padres separados ocultaban esto como si fuese un delito; pero hoy, lo insólito es tu caso, el de una mujer con dos hijos sanos, un marido que se preocupa por ellos y una familia unida, y claro, a ti lo que te ocurre es que conocerás a mucha gente que se ha separado o que no se ha casado y llevan una vida totalmente distinta a la tuya, pero te aseguro que también ellos están asqueados de su situación y seguramente les gustaría estar y tener una familia como la que tú tienes. - PILAR: ¿Y tú por qué sabes tanto de eso? - CARLOS: Porque mi vida ha sido un caos absoluto desde que me casé. Primero, mi suegro me obligó a firmar una separación de bienes, por temor a que si un día ocurría algo yo pudiera reclamar y llevarme tajada. Esto generó un clima de cierta desconfianza entre su familia y yo. Aparentábamos que era normal y que no ocurría nada por ello, pero a mí me molestó mucho. Mi familia no era multimillonaria pero, nuestra situación, como recordarás, era muy buena. Al poco tiempo de casarme, dos meses más tarde, recibí un telegrama: mis padres habían muerto en accidente, su coche había chocado contra un camión. - PILAR: Con voz apesadumbrada. Lo siento muchísimo, no sabía nada, me dejas totalmente helada. - CARLOS: No importa ya hace seis años, y al menos eso lo tengo superado. Si algo aprendí de ese trance, es que siempre hay que estar preparado para las noticias desagradables.Mi matrimonio no funcionaba del todo bien, había algo, una carencia. En aquel momento pensamos que sería bueno tener un hijo, así que Merçé quedó embarazada y tuvimos una niña muy guapa y muy buena, que está pagando los defectos de sus padres; pero tampoco hay que alarmarse demasiado, todos sufrimos los defectos y virtudes de nuestros progenitores y la vida sigue. - PILAR: ¿Por qué hablas así?, me estás asustando ¿tan mal va tu matrimonio?.
- CARLOS: Bueno, ahora ya todo ha pasado, pero sí, han sido unos años bastante complicados. La muerte de mis padres fue muy dura para mí. Como sabes yo era hijo único y mi única familia eran ellos y dos tías, hermanas de mi padre que vivían en Buenos Aires, así que como podrás comprender por la distancia tampoco teníamos una gran confianza, y para cuando pudieron venir a Madrid ya había pasado todo, ya sabes todo el tema ese de las autopsias, papeleos, funerarias...¡los accidentes de tráfico son tan repentinos que destrozan doblemente!. Luego vino todo lo de los negocios de Papá, ¡tuve que venderlo todo! Yo no sabía, ni quería hacerme cargo de eso ¡espero que él me haya perdonado! Toda la vida poniendo ilusión para que yo me hiciera cargo de ello, y ya ves. Mi padre pasó su vida soñando con tener un hijo o un nieto a quien formar en el arte de los negocios, ¡así lo llamaba él! Y mira al final él, bueno ellos, murieron muy jóvenes, y yo no tuve un hijo sino una hija. - PILAR : ¡Debió de ser muy duro! ¿verdad? - CARLOS: Sí lo fue, pero la vida continua, y como te digo ya hace seis años y está superado. Voy a contarte algo muy importante para mí, pero necesito de tu comprensión. (Reiterando lo que Carlos dijo anteriormente)- PILAR: Puedes contar conmigo, siempre fuimos buenos amigos y eso no puede haber cambiado. - CARLOS: Lo sé y por eso deseo contártelo.
El motivo de estar hoy en Madrid es que me vuelvo a vivir aquí. Barcelona me ha tratado muy bien, incluso tengo un nombre entre los arquitectos de Cataluña, pero no me conviene continuar allí.
Después de tener a mi hija, mi mujer, bueno, Mercè, prefiero llamarla así, decidió dejar de trabajar para atender ella personalmente a la niña. Decía que en su familia todas las mujeres habían dado el pecho a sus hijos y les habían educado, al menos hasta la edad escolar. Sólo en alguna ocasión, por algún compromiso, consentía que la niña quedase con alguna canguro. Así que como compartíamos despacho, me quedé sólo. Hasta entonces todo el tema de llamadas, papeleos, cosas de oficina... los llevaba ella; decía que era mejor para el despacho que ella actuara como esposa en vez de como compañera de despacho. Entonces hubo que meter una chica que hacía quinto de arquitectura, hasta la eligió ella, era una chica muy competente y muy atractiva, y todo fue sobre ruedas hasta que un día, pasado un año y medio, me marché con unos clientes y me dejé el teléfono móvil en el despacho. Dos horas más tarde decidí volver porque me tenía que marchar de viaje y necesitaba el teléfono, y cuando entré en el despacho sorprendí a Susana, que era el nombre de la chica, haciendo el amor con un cliente encima de la mesa. Yo nunca había tenido ningún problema con ella, a mí me respetaba muchísimo. Cuando hablé con ella con intención de despedirla, porque si hubiera sido su novio, vale, pero con un cliente..., vete a saber a quien se lo habrá ido contando, y eso, la verdad, no da buena imagen, al menos así pensaba yo en ese momento; bueno, pues hablé con ella, se echó a llorar y me confesó que a veces tenía ataques de ninfomanía. Yo, la verdad, pensaba que eso sólo pasaba en las películas, pero como dice la canción: “La vida te da sorpresas...”. El disgusto en casa fue tremendo porque esta chica tenía el despacho controlado, además había un clima de confianza muy bueno, y Merçé confiaba plenamente en ella; pero, después de esto, por mucho que yo le prometía, no podía creerse que yo no hubiese aprovechado la situación, así que, arreglado el problema, decidí meter a un chico, tenía..., bueno tiene veintiséis años y cuando entró hace un año y medio acababa de terminar la carrera. - PILAR: Perdona que te interrumpa. ¿Metiste un chico porque ella tenía celos? - CARLOS: No, espera. Fue para evitar que pudieran existir celos. Pues este chico, que se llama Miguel, se hizo cargo de todo muy rápidamente y además Merçé estaba encantada con él. Era un chico gallego, que no tenía familia en Barcelona, así que, muy a menudo venía a comer a casa.En una ocasión tuve que viajar a Sevilla, y pensé que sería bueno que él me acompañara. Cuando llegamos al hotel había habido una confusión y sólo nos habían reservado una habitación. Aquella noche estuvimos de copas, y a mí me daba un poco de apuro intentar ligar con alguien porque él disfrutaba de la amistad de Merçé y mía, y me parecía una falta de respeto hacia Merçé. Así que nos fuimos a dormir algo bebidos, y no sé ni cómo ni por qué, pero mantuve una relación sexual con él que me pareció absolutamente satisfactoria. - PILAR: Siento si pongo cara de extrañeza, pero imagínate mi sorpresa. - CARLOS: Lo comprendo, a mí también me sorprendió mucho. Bueno, pues el día siguiente y muchos otros, yo fingí que no había ocurrido nada y él hizo lo mismo. Además, noté que estaba totalmente avergonzado, sin embargo, desde aquella noche había un afecto muy sincero entre nosotros. Un mes más tarde, aproximadamente, hubo que volver a salir de viaje. Yo quería que él viniera y él también, pero evitábamos cualquier conversación o alusión a ello. Y fue el propio cliente quien llamó por teléfono para opinar de lo conveniente que sería que Miguel asistiera a esa reunión.Cuando volvimos del viaje teníamos todo absolutamente claro y pensado.
Estoy totalmente enamorado de un hombre nueve años más joven que yo. Todo lo tengo asumido y llevo seis meses viviendo con él y separado de mi mujer, bueno de Merçé.¿Comprendes ahora por qué dejo Barcelona? - PILAR: Sí, te comprendo, y además aunque ahora mismo todo lo que me has contado me parece muy duro, sé que has actuado consecuentemente. Vuelven a escucharse de fondo los sonidos de la cafetería - CARLOS: ¡Las 11,30!, El tiempo ha pasado volando. (A voces) ¡Camarero!. - CAMARERO: Dígame - CARLOS: ¿Qué le debo? - CAMARERO: Setecientas veinte. (Se oye el sonido de las monedas). Adiós, buenos días. Cesan los ruidos de cafetería y empiezan a escucharse los de la calle (ruidos de coches, etc.) - CARLOS: Bueno Pilar, me ha gustado mucho hablar contigo. Toma te voy a dar una tarjeta con el teléfono del móvil. Llámame, por favor, dentro de muy poco estaré ya instalado aquí.(Dos besos) Venga, hasta luego. - PILAR: ¡Hasta luego, te llamaré..., y gracias por el café y los churros!
EPILOGO Comienza a oírse de nuevo la danza china de “Cascanueces”, Tchaikowsky, y dura hasta el final, aproximadamente un minuto y veinte segundos, según versión.Ya en casa con los niños, a la hora de la cena. - PILAR: ¿Quién quiere tarta de postre? - TOMAS: ¿Has comprado tarta? - PILAR: No, la he hecho, y de manzana. - TOMAS: (Contento) ¡Hacía mucho que no la hacías, con lo que me gusta! - PILAR: Pues por eso te la he hecho, porque sé que te gusta. - TOMAS: Se levanta y da dos besos a Pilar. - PILAR: (Risueña) ¡Que están aquí los niños! - BEGOÑA: Mami, yo también quiero tarta.
- JOAQUÍN: y yo. - PILAR: Tomad, si hay para todos. Termina la música y la obra.
LOS CHURROS EN MADRID SON OTRA COSA



