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El maniquí

por Jesús
miércoles, 30 de mayo del 2007 a las 21:41
          Empieza con música, el comienzo de la “Rapsodia sobre un tema de Paganini”,           de Rachmaninov, aproximadamente los primeros 20 segundos. Durante el sonido             de la música, simultáneamente se escuchan pasos de calzado masculino; justo              en el momento que finaliza la música -los 20 segundos- finalizan los pasos que             han llegado a su destino y una voz masculina de unos 35 años, con tonalidad             muy grave, dice:                           GERMÁN: Lo siento, me ha sido imposible. ELENA: (era la mujer que estaba esperando, de unos 33 años, suspira y con voz    muy femenina, en tono no demasiado agudo, muy educada).   Bien... Bien...  Esta ha sido la tercera vez, tendrá que ocurrírsete algo mejor, no         podemos volver a fallar. GERMÁN: ¿Cómo puedo ponerme en contacto contigo? ELENA: Pon un anuncio en el diario “El Independiente”, en la sección de    Varios, dí -para Katia-, una hora de ese mismo día, después de las 15,00 horas         por favor y espérame aquí. GERMÁN: No te preocupes, se me ocurrirá algo.  ELENA:(de forma imperativa, dominante)  Procura que así sea.  - Ya en la Opera, en un palco, se escucha “Furia di donna irata” de la Opera “La       Cecchina ossia La buona figliuola”, de Niccoló Piccinni; 1.30 minutos                  aproximadamente; entre tanto, muy seria y casi enfadada, Elena dice:  ELENA: (suena un golpe con la palma de la mano en otra)   ¡Estate quieto!. JULIO: Perdona, vas tan corta que pensé... ELENA: ¡Pensaste! Tu nunca has pensado, sólo has tenido instintos, como los   niños: comes, bebes, juegas, a veces hasta defecas en los pantalones. JULIO: (tolerante, pero careciendo de personalidad)   Vale, vale... lo siento.            -aquí debe haber acabado la música, y ya afuera en el vestíbulo...  ELENA: (hablando en voz muy baja) Pórtate bien, ese es el Cónsul de Nigeria. CÓNSUL: (con acento africano) A sus pies Señora.

ELENA: Buenas noches Sr.Cónsul. ¿Conoce usted a mi marido? CÓNSUL: No tengo el gusto, buenas noches. Tiene usted una mujer envidiable. JULIO: Muchas gracias Sr. Cónsul. ¿Le ha gustado? CÓNSUL: Por favor para ustedes soy Alí, así es como me llaman mis amigos. JULIO: Encantado, entonces llámeme Julio por favor, así me llama todo el           mundo, pero dígame ¿le ha gustado?. CÓNSUL: Sí,  me ha parecido soberbia la interpretación,  me gusta mucho la       opera,           pero no dispongo de tiempo suficiente para venir más a menudo;                     discúlpenme, tengo que atender a otros conocidos, ya sabe... los diplomáticos no        tenemos horario laboral. ¡Elena espero volver a verla pronto!. ELENA : Muy bien, estaremos en contacto, hasta pronto. JULIO: Bueno Alí, hasta la próxima, me ha gustado conocerle.   -Días más tarde en el despacho de su Empresa.-   ELENA: Buenos días Rosa, no me pases a nadie por favor, tengo algunas                   llamadas que hacer. ROSA: Buenos días Doña Elena. ¡Ah, el periódico!  -Elena ojea el periódico, suenan las páginas al pasar, se detiene unos segundos        y en la sección de anuncios lee: -  ELENA: Katia, a las 21,00.  -Suenan ruidos de coches, vuelven a sonar los primeros 20 segundos de la                  “Rapsodia sobre un tema de Paganini”, de Rachmaninov. Vuelve el silencio, aspirar de humo de cigarrillos, lo tira y lo apaga con el pie (que suene  el rozar del      suelo contra el zapato). De pronto, como la vez anterior, unos pasos, los de   Elena, paran y... ELENA: Y bien... 

GERMÁN: Creo que podremos callarle la boca; pero hay un pequeño problema con el           Juez Cantoria, está apretándole las clavijas. ELENA: Sí... pero no dijiste que el padre estaba en paro, pues ya está, no me digas que va a hacer caso a ese imbécil de Cantoria y no va a sacar tajada. GERMÁN: No sé, no me gusta esto, está tardando mucho en decidirse,                regateando.  ELENA: ¿Regateando? Te dije que no regateases, dale lo que quiera, pero quítamelo de en medio. GERMÁN: Creo que tiene algún asunto pendiente con él. Tengo un amigo en el Juzgado de Cantoria, parece ser que el padre de la chica tuvo un accidente    yendo algo bebido y un hombre quedó tetrapléjico, debe de haberle amenazado        con meterle un buen paquete si no sigue adelante con la denuncia. ELENA: ¿Tu que me aconsejas? GERMÁN: No sé, depende de ti, de lo importante que sea que se desvele este asunto. ELENA: No sé cómo pude casarme con este imbécil. GERMÁN: Porque era guapo y figurón, si no hubieras roto nuestra relación,        ahora serías feliz. ELENA: Deja ese asunto. ¿Cómo crees que puedes convencerle? GERMÁN: Ya sabes los círculos en los que me muevo, hay gente que me debe           favores y al padre de la chica estoy seguro que tiene más miedo al dolor que a la         cárcel. Quizá dándole un pequeño susto cambie de idea, de todos modos necesito         cinco millones. ELENA: Bien, te los daré y no quiero saber nada más de este asunto, ¿de            acuerdo?. Esta vez seré yo quien ponga el anuncio.  (Mientras se marcha Germán dice...)  GERMÁN: No debes preocuparte, siempre he sido tu perrito faldero. Ah, si          quieres te puedo hacer otro favor para tu marido.  -Ella llega a su casa, suena el ruido de la cerradura, le recibe el mayordomo de        su casa.

 CARLOS (Mayordomo): Buenas noches Señora. ELENA: Hola Carlos ¿ha venido mi marido? CARLOS: Llamó para avisar que no le esperara.    -Ella se acuesta, se duerme y más tarde se oye un golpe de la puerta y un traspié.  ELENA: ¿Otra vez borracho? JULIO: No cariño be-bido, be-bido. ELENA: Márchate a la otra habitación. JULIO: ¿no quieres marchita? ELENA: ¡que te marches he dicho! JULIO: Vale... Vale...  -Al día siguiente en la oficina.  ELENA: Buenos días, Rosa. ROSA: Buenos días, Doña Elena. ELENA: Necesito media hora, no me pases a nadie.  -Suena el marcar de los números del teléfono y dos llamadas, con el sonido del auricular.  TELEFONISTA: (voz de chica) ¡El Independiente! Buenos días.  ELENA: Buenos días, por favor podría pasarme con la sección de anuncios. TELEFONISTA: Yo misma puedo atenderle Señora, dígame. ELENA: Bien, para la sección de VARIOS. TELEFONISTA: (repitiendo) Va-rios, varios, varios, aquí está, dígame.

ELENA: A ti Germán a las ocho p.m. TELEFONISTA: Sí, ¿algo más? ELENA: No sólo eso, ¿cómo pago esto? TELEFONISTA: No se preocupe, si el mensaje es de contactos y no pasa de    diez palabras es gratuito. ELENA: (con voz de extrañeza y algo confusa) Ah, bien pues muchas gracias. TELEFONISTA: A usted señora, Buenos Días.  -Suena música, son las 8,10 de la tarde, se oyen pasos, los de ella y Germán con   ironía dice:  GERMÁN: Te has retrasado, estás cambiando, estás empezando a convertirte en mujer, tu que siempre has sido tan puntual. ¡Esto me gusta! ELENA: (pretendiendo seriedad pero con un esbozo de coquetería) No digas         tonterías, había mucho tráfico y no encontraba Taxi.  ¡Toma el dinero, espero que esta vez quede solucionado! Y por favor, no seáis        demasiado duros, siempre he odiado la violencia. GERMÁN: Por favor, no tengas falsos pudores, no se pueden hacer grandes         negocios vendiendo armas y luego decir que no te gusta la violencia. ELENA: (imperativa) No quiero estar mezclada en nada de esto, ¡ y tu tampoco           deberías de estarlo!  En el fondo te tengo mucho aprecio. GERMÁN: Elena por favor no seas tan sentimental, no te derrumbes ahora o es que va  resultar que eres humana. ELENA: Bueno no puedo perder más tiempo con resentidos, tengo una cena de compromiso.  -Al día siguiente en la oficina.  ROSA: Buenos días Doña Elena. ELENA: Hola Rosa, ¿algo para mí? ROSA: No ¡tenga la prensa!

 - suena la puerta del despacho al cerrar y el ojeo del periódico al pasar las hojas        y con voz de leer para sí misma...  ELENA: Un hombre brutalmente apaleado aparece muerto en un descampado.          Al parecer estaba implicado en la distribución a pequeños narcotraficantes; este periódico ha sabido de fuentes  próximas al fallecido que hace unos ocho meses        tuvo un accidente de tráfico por conducir en estado de embriaguez, del que     resultó una persona herida grave quedando   tetrapléjica, la policía sospecha que           es un ajuste de cuentas. El juez Cantoria ha ordenado la investigación del      caso   a la policía judicial.  -Suena el teléfono, dos llamadas.  ELENA: Sí. ROSA: Un tal Señor Saez... dice que necesita hablar con usted, le he dicho que           intentaría pasarle la llamada al móvil, pero que no sabía si tendría cobertura. ELENA: ¿Saez...?  Ah, sí pásamelo. GERMÁN: (disimulando su voz, en tono de broma). Señora Yolca, Doña Elena. ELENA: Eres bobo, te dije que no me llamases aquí. GERMÁN: (Su voz habitual y ya más serio). Tranquilízate, no te pongas         nerviosa, no hay nada que temer. ELENA: Que no me ponga nerviosa; quiero verte enseguida, esta tarde a las    9,00. GERMÁN: Vale... de acuerdo, hasta luego.  -de nuevo la música de la Rapsodia, los primeros 20 segundos y suenan los pasos    acostumbrados.  ELENA: Bueno, qué ha pasado, cómo has podido ser tan bruto, no creí que   fueras capaz de hacer algo semejante. 

GERMÁN: Primero quiero que sepas que yo no estaba cuando ha ocurrido lo     que ha ocurrido y ahora te explico: uno de los que iban a asustarle le reconoció,       parece ser que habían tenido un affair no consentido en la cárcel y este se la tenía          jurada, así que cálmate, ya está solucionado y ni tú ni yo tenemos nada que ver        en este asunto. ELENA: ¿Y el dinero? GERMÁN: No pasa nada, no hay forma de demostrar que se lo dimos nosotros       y en cualquier caso aquí estoy yo para apechugar.  -Elena rompe a llorar  GERMÁN: Hey, hey ¿qué te pasa? Ven consuélate, cálmate, yo siempre estaré        a tu lado. ELENA: (gimoteando). Bien, bien, ya está, no empeoremos más la situación. ¿Qué pasa con Cantoria? ¡Ha ordenado la investigación del caso! GERMÁN: Te he dicho que no hay forma de que nos relacionen con el caso.  ELENA: ¿ y la chica qué, qué va a ser ahora de ella? GERMÁN: Pues que por fin será libre, le hemos hecho un favor y mira dentro   de dos años será mayor de edad, le hemos adelantado el momento que ella              ansiaba.  ELENA: ¿Cómo puedes pensar así? GERMÁN: Por eso me gustas tanto, por tu talante ante la vida, crees que es           todo color de rosa, como tu edredón.   Tendrías que viajar más, pasear más, coger     el autobús de vez en cuando y tomarte unas cañas en un bar de barrio; salir de           tu despacho de donde todo lo tienes controlado, de tu ambiente de amigos             guapos, engominados, con la lengua         pegada al paladar.  Algún día tienes que     empezar a vivir, bajar al submundo y conocer y comprender, que las putas de barrio bajo se prostituyen por supervivencia y no por importantes negocios o      prestigio social. En el mundo que tu te mueves, hay más putas que en el barrio          rojo de Amsterdam, y además sin corazón. ELENA: Eso es lo que piensas de mí, ¿verdad?, crees que me prostituyo por mi     posición social.           GERMÁN: No Elena, tú no has necesitado prostituirte, sólo te introdujeron en        un mundo supuestamente mejor, pero para saborear la miel hay que haber                  probado la hiel y tu llevas tomando miel toda la vida. ¡Ven conmigo!  Deja a ese maniquí de marido que jamás te ha hecho feliz. ¡Deja    que te enseñe a apreciar lo que tienes!

ELENA: ¿Qué quieres que abandone todo por ti?, ¿qué me marche a vivir         contigo?, del sueldo de un detective sin trabajo seguro. GERMÁN: No... yo no quiero que tu hagas nada por mí, lo que quiero es que          lo hagas por ti y para eso no hace falta que abandones nada, sólo tienes que           tomarte unas          vacaciones, delegar tu trabajo en otros. Tienes gente válida y eficaz        para ello; ganas más dinero en un mes de lo que cualquier persona del montón           gastaría en toda su vida. La vida no consiste en acaparar fortuna. Además no   tienes hijos, ¿a quién vas a dejar tu imperio? ¿por quién luchas en la vida?    Porque si es por ti, no llevas el camino correcto, sólo la búsqueda de la felicidad           es el sudor sensato que debe gastar el hombre y tu con excepción de tu infancia         no has sido feliz. ELENA: (Con voz melosa). Te equivocas, los dos años que pasé a tu lado sí lo   fuí. GERMÁN: Entonces por qué te marchaste, por qué me dejaste. ELENA: Papá se empeñó en que organizara mi vida y con un policía me dijo que no podría desarrollar mi carrera. Después, cuando te echaron por el asunto de   corrupción, pensé mucho en ti, pero ya era tarde, no podía romper mi                     matrimonio. GERMÁN: Aquel asunto, fue un montaje, aunque te resulte difícil de creer fuí   yo quien descubrió que algunos de mis compañeros recibían dinero a cambio de         hacer la vista gorda con extranjeras ilegales que se dedicaban a la prostitución.       Ahí, hay más intereses de los que se puedan imaginar. Todos los jueces y policías        lo saben y nadie hace nada por evitarlo, es el nuevo tráfico de esclavos en Europa.           Convencen a las chicas de que aquí podrán trabajar y ganar suficiente para        mandar un dinerillo a los suyos, hipotecan todo, la casa de los padres, todo    y luego llegan y sólo hay una forma de satisfacer la deuda contraída con los      prestamistas, prostituirse, tener que follarse a cuatro viejos babosos todas las   noches en algún Club de carretera, para poder sobrevivir y enviar algo a los suyos;     fuí yo quien destapó aquello y como no pude probarlo, todos mis compañeros  se echaron contra mí, excepto algunos claro, pero tenían hijos y una familia que     mantener y esa siempre ha sido  llave del chantaje.  Pero ahora soy libre, hago lo     que me apetece y no tengo que aceptar absurdas órdenes que no sé de quien         parten, ni a quién benefician. ELENA: Siempre he intuido que debajo de ese tipo tan hortera, había una     persona llena          de sensatez y eso es lo que me gustaba de ti.  GERMÁN: ¿y ahora qué, ya no te gusta? ELENA: Sí, pero ya no soy una niña, no puedo dejarlo todo, salir corriendo,     darte la mano y convertirme en tu mujer. No sabría tenerte planchadas las        camisas, ni  preparada la cena, ni cómo cuidarte.  

GERMÁN: Te olvidas de que siempre he sido yo quien ha cuidado de ti y por las          camisas, no te preocupes, yo jamás plancho las camisas, ¿para qué? siempre van          debajo del jersey.            - sonríen y ya ella se muestra bastante más simpática por la nostalgia.  ELENA: Bueno... he de irme. GERMÁN: ¿Te acerco a algún lado? Tengo el coche ahí mismo.  ELENA: No, es mejor que no nos vean juntos.  GERMÁN: Te repito que no tienes que preocuparte de nada, ni tampoco por mí. Te aseguro que no hay forma de que nos relacionen con ese asunto.  ELENA: De todos modo, prefiero coger un taxi, hoy te veo muy sentimental, es        mejor así. Adiós. GERMÁN: Como quieras, pero no tienes miedo de mi, sino de ti, no puedes     continuar dando la espalda a la felicidad.  ELENA: (con voz lejana). Adiós.  GERMÁN: Hasta luego.  -Elena llega a casa, con aire muy simpático, suena la cerradura y saluda a Carlos,      el mayordomo.  ELENA: Buenas noches Carlos. CARLOS: Buenas noches Señora. ¿Ha tenido un buen día? ELENA: No demasiado, pero espero terminarlo bien. ¿ha llegado mi marido? CARLOS: No, aún no. ELENA: Mejor, quiero hablar con usted. CARLOS: ¿Ocurre algo señora?  ELENA: Sí, ven pase siéntese. 

CARLOS: ¿Ha dicho que me siente?  ELENA: Sí, ¡siéntese!, usted y yo nos conocemos hace tiempo. CARLOS: (En tono confidencial). Sí, dieciocho años, era usted una quinceañera     cuando su padre me contrató. ELENA: _Cómo pasa el tiempo!. Dígame ¿qué opinaría usted de mi si dejara a              mi    marido? CARLOS: Señora eso no me corresponde a mi juzgarlo, cualquier decisión que usted tome a mi me parecerá la más correcta.  ELENA: Sí , pero necesito que me responda con sinceridad, para mi es muy     importante, usted y yo hemos hablado pocas veces de asuntos personales, pero   pocas personas me conocen desde hace dieciocho años y ninguna tan bien, su    opinión para mi es más válida que la de muchos que dicen ser mis amigos.  CARLOS: Me halaga usted con eso. Bien se lo diré y espero que no me lo tome         a mal.El Señor para mi, es un sinvergüenza que no le llega a usted a la suela de los zapatos. Además, sólo he visto como le hacia infeliz a usted; jamás he visto un    detalle de afecto sincero, y le aseguro, que tanto el resto del servicio como yo ,       seríamos muy felices si su matrimonio se deshiciera. ELENA: ¡Me sorprende!. CARLOS: Siento muchísimo si le he ofendido, pero usted me pidió que fuera      sincero. ELENA: Vaya, parece que todo el mundo se ha dado cuenta de lo que yo he     pretendido ocultar durante tanto tiempo.  -se oye la cerradura y hay un cambio en el tono de voz, pasa de cierta complicidad    a recelo.  CARLOS: ¡Es el Señor! ELENA: Dígale que estoy aquí esperándole, en el despacho, que quiero verle.  Carlos sale del despacho, cierra la puerta, saluda a Julio que viene ebrio y se le nota suficientemente en la voz, pero sin llegar a ser ridículo.  

CARLOS: Buenas noches Señor, la Señora está esperándole en el despacho. JULIO: Muy bien Carlitos, muy bien.  - Suena la puerta, las bisagras, y Julio saluda a su mujer.  JULIO: Buenas noches gatita. ELENA: Siéntate quiero hablar contigo. JULIO: Ya me he enterado de que tu y tu amigo el detective, habéis matado a     ese capullo. ELENA: ¡Pero qué dices! Eso no tiene nada que ver conmigo. JULIO: Claro que sí gatita, ahora estamos en el mismo barco. ELENA: No me llames gatita. JULIO: Como tu quieras, ga-ti-ta.  -Elena arrastra la silla y se levanta marchándose muy nerviosa.  JULIO: Pero no querías hablar conmigo. ELENA: Cuando estés sobrio, ahora no te enterarías de nada.  JULIO: Pues espérame sentada, pienso seguir borracho por mucho tiempo.        ¡tengo que celebrarlo!  - Al día siguiente en la oficina, con un aire de simpatía distinto del habitual.  ELENA: Buenos días Rosa. ROSA: Buenos días Doña Elena. Hay una chica esperando en el despacho, ha          insistido mucho y me ha dicho que había quedado con usted. ELENA: ¿una chica? No recuerdo haber quedado con nadie. (Se oye abrir la    puerta) Hola, ¿me buscabas a mi? 

CHICA: (Es la hija del fallecido, tiene 17 años y sus modales son algo rudos, de         barrio, pero sin caer en lo excéntrico, sabiendo estar, a pesar de su falta de        cultura) Sí, soy la hija de Emilio Vázquez. ELENA: ¿Emilio Vázquez? CHICA: Sí, sé que usted sabe quien soy, su marido intentó violarme, aunque la           verdad, tampoco es del todo cierto, él estaba muy borracho y no se acuerda de          nada. He venido a contarle toda la verdad.  ELENA: Bien, pues tu dirás ¿quieres un café? CHICA: Si va a tomarlo usted, todavía no he desayunado. ELENA: (aprieta el interfono) Rosa, por favor ¿podrías traernos dos cafés? CHICA: ¿sabe...(espera unos segundos) mi padre ha muerto. ELENA: Sí, lo siento muchísimo, lo leí ayer en el periódico. Por cierto y                   perdona que me entrometa, pero hoy era el entierro, ¿no deberías de estar allí? CHICA: Aún faltan algunas horas, es esta tarde y es uno de los motivos por el         que vengo, después me marcharé y no quiero volver a saber nada más de esta           ciudad.  Yo no tenía          más familia que mi padre y de padre no tenía nada, todavía         no tengo claro cómo o por qué, pero en mi mente bulle todo y sé que era un tipo           despreciable, además si alguien ha abusado de mi y se ha aprovechado, ese ha sido él y aunque le suene muy duro me alegro de que se lo hallan cargado, se lo tenía      bien merecido, ¡el cabrón! ELENA: No conozco a nadie que hable así de su padre y menos habiendo       muerto ayer.  

CHICA: Claro seguramente no es capaz de pensar lo que un padre  puede hacer.          Pero no he venido a contarle mi vida, he venido a tranquilizarle y explicarle que    su marido, a pesar de ser un gilipollas, y perdone que se lo diga, no me hizo nada   que yo no le dejara hacer. Ese no tiene cojones para nada y perdone pero es que        es así y usted debe saberlo. Lo que ocurrió fue que mi padre vendía coca y su           marido era “el mejor de los clientes”, siempre pagaba en el acto y siempre                  pagando más por menos. Llegaba con unos fajos de billetes          tremendos, ¡bien de          pelas que le ha vacilado mi padre!, a veces mi padre arreglaba timbas con otros y él; ellos se conocían hace tiempo, pero mi padre no era amigo de nadie; de     modo que me obligó a que mantuviese relaciones con él, sin que Julio se enterará        claro. El plan era que yo me insinuara y Julio pensase que estaba colada por él;         yo no quería, pero mi padre era un bestia y yo sabía que si no accedía, más valía        que me marchase de la ciudad, así que durante unos meses acepté. Un día mi          padre arregló todo para que me quedase a solas con Julio, él no sabía que había        sido mi padre quien me había obligado a mantener esas relaciones, pero yo creo    que se lo imaginaba, así que... ELENA: ¡un momento! ¡un momento!  ¿ mi marido se acostaba contigo desde         hace tiempo?. CHICA: Bueno espero que ahora no se enfade conmigo, he venido a contárselo.  ELENA: No, no es eso, tranquila, lo entiendo. CHICA: Bueno pues cuando estábamos liados en toda la faena, mi padre entró, yo sabía que entraría claro y le montó un rollo a Julio, ¿¡qué cómo esperaba       compensar esta ofensa, abusando como estaba de una niña y estando casado?. Lo demás ya lo sabe, Julio se           acojonó y mi padre habló con usted, pero él no           trató de violarme ni nada, fui yo, obligada por mi padre, quien se lo puse en           bandeja.Y eso es todo, sólo quería que lo supiera por mí. ELENA: ¿Y ahora qué vas a hacer? CHICA: No lo sé, a lo mejor me voy con una tía mía a Zamora, tiene un bar y          seguro que no le vendrá mal un poco de ayuda. ELENA: Bueno te voy a dar mi teléfono, si tienes problemas, los que sean, si necesitas ayuda, llámame. Te deseo que tengas mucha suerte. CHICA: Gracias, adiós, espero no tener que llamarla.  -suena la puerta al salir, unos segundos y el arrastrar de la silla, marca un número    en el teléfono. Durante toda la conversación telefónica, las voces deben ser de          ilusión, como las de dos adolescentes intentando engañar a sus padres para irse       juntos de vacaciones.  GERMÁN: Sí, dígame. ELENA: Germán, soy Elena. GERMÁN: No se puede oír una voz más bonita a estas horas de la mañana. ELENA: Si te propusiese que me acompañases a un viaje al Caribe, ¿qué me     dirías? GERMÁN: En calidad de qué. ELENA: En calidad de ti, tu siempre has tenido mucha calidad.

GERMÁN: ¿Cuándo?  ELENA: Primero tengo que arreglar unos asuntos, creo que pasado mañana. GERMÁN: ¿Y el maniquí? ELENA: ¿Qué maniquí? GERMÁN: Tu marido. ELENA: No, tu y yo solos. GERMÁN: Perfecto, llámame para confirmar una hora.  ELENA: De acuerdo, hasta pasado mañana.  -suena la puerta de su casa y Carlos, el mayordomo, le recibe.  CARLOS: Buenas noches Señora. ELENA: Hola Carlos. CARLOS: (en voz baja) El Señor está esperándola, creo que está algo nervioso. ELENA: ( también en voz baja y con cierta complicidad) Eso me gusta.   - suena la puerta del despacho.  JULIO: Vaya, ya era hora. ELENA: ¿Querías algo? JULIO: ¡Qué si quería algo!¿qué es esto? ELENA: ¿No lo ves? Un documento por el que tu y yo nos separamos, así que           coge el dinero y lárgate. JULIO: Ah no gatita, estamos en el mismo barco y si quieres deshacerte de mi,   te va a salir algo más caro. 

ELENA: Te equivocas, tu y yo nunca hemos estado en el mismo barco. Quiero          que sepas que lo sé todo, lo de las timbas, que estabas tirándote a esa pobre chica       desde hacía mucho tiempo, y que no eres más que un cocainómano pretencioso.    Además, sé que su padre te amenazó y de todo ello tengo pruebas. Ah, ni Germán      ni yo hemos tenido nada que ver en este asunto, Germán se limi

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Jesús

Jesús escribió esta anotación hace 2 años. En ella habla sobre Obra De Teatro Radiofónica.

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