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¿Últimos movimientos sociales?

por Jesús
lunes, 08 de agosto del 2011 a las 21:47

No es la primera vez en la historia que hay movimientos sociales; siempre están motivados por un descontento de las poblaciones que se ven afectadas por grupos de población menores que ostentan poder económico y merman las posibilidades de crecimiento de los que tienen menos posibilidades.

Lo difícil en estos casos siempre ha sido hacer entender a los que tienen el poder económico que no pueden tener tanto poder y que deben compartirlo, siempre es debido a la avaricia y siempre termina mal, nunca hay vencedores sin coste en sangre y por desgracia esta lección de la historia no la hemos aprendido.

Es imprescindible que la Banca, las grandes Empresas, los medios de comunicación y los gobiernos, sean conscientes de lo que nos jugamos todos, de lo contrario, de no ceder ante la obviedad de la falta de futuro de muchas personas, se arriesgan a perder lo que tienen y algo más, puesto que no se puede apretar al que nada tiene que perder, cuando no se tiene nada que perder, se tiene todo por ganar.

La gran diferencia entre épocas anteriores y la actual es que los medios de intercomunicación no hacían posible una universalidad en las protestas tan efectiva como puede serlo ahora. Nos vemos en la realidad que tantas películas y novelas de ficción nos han alertado, en una revolución mundial en la que los poderes económicos dejarán de existir y volveremos a un modo de vida municipalista después de un intento de globalización. No es previsible desde mi punto de vista una mejora de la situación actual, puesto que no es posible que los que tienen el poder lo abandonen ni tan siquiera en parte; no veo esa inteligencia egoista en ellos, egoista en el sentido de pensar que quizá es mejor tener algo menos y compartir algo más que tenerlo todo, porque eso sería lo bueno para ellos.

El tener todo sólo lleva al caos total y absoluto.

Imaginaos una partida de monopoli, siempre acaba cuando la ruina de todos los jugadores excepto uno es evidente, sin embargo a partir de ahí o se echa otra partida repartiendo de nuevo el poder, es decir el dinero ficticio en este caso o se deja de jugar, lo que signifca que se acaba todo.

 

Dejo sólo esta reflexión :  Cuando sólo unos pocos tienen el poder antes o después se acaba la partida, porque a la gente no le gusta jugar si sólo tienen opciones de perder.

 

 

Calimero

por Jesús
miércoles, 27 de junio del 2007

7 de Febrero de 2007 

 

Hoy he salido de casa relajado y concentrado en mis cosas; a penas había recorrido 3oo metros cuando me ha adelantado la Guardia Civil, me han mirado justo en el momento en el que sobrepasaban mi vehículo y ya en posición por delante de la mía han encendido unos pilotitos naranjas que tienen bajo las luces de sirena azules y que indican que has de parar a tu derecha justo detrás de ellos.

El guardia me ha saludado con un buenos días y sin dar tiempo a mediar palabra me ha dicho que el motivo de pararme era que no llevaba puesto el cinturón. En mi cara supongo que se ha dibujado una expresión de absoluta sorpresa puesto que de verdad no me había dado cuenta de que no me lo había puesto, pero ello no ha significado nada y me ha pedido toda la documentación. La casualidad ha querido que además llevase un mes y medio con la I.T.V sin pasar y que el recibo de mi seguro llevase tres días caducado. En fin, no era hoy el día en el que yo debía haber salido a la calle.

Pero ahora deseo entrar en matices. Veréis:

Este Guardia al igual que sus compañeros de carretera, están tan hartos de parar gente y de expresiones de todo tipo que han desarrollado una intuición y una psicología tal, que son capaces a primera vista de saber quién es un buen tipo o un buen ciudadano y quien no. Y es esto lo que de verdad me ha molestado. A mí se me notó que no me había dado cuenta de que no llevaba el cinturón, pues de haberlo notado habría hecho el esfuerzo de ponérmelo cuando iban delante de mí.

-El tener un mes y medio caducada la I.T.V. no te delata como persona peligrosa, es únicamente un descuido motivado por tantas obligaciones a las que nos somete la vida y considero que eso debe ser motivo no de sanción sino de aviso de que tienes que demostrar antes de cierto tiempo que la has pasado; además, no sé si hay o no que recibir un aviso de que esté caducándote o caducado, pero yo no he recibido tal aviso.

-El no llevar el cinturón no debería ser en ningún caso sancionable, puesto que la única vida que se pone en peligro es la propia; si lo estima necesario el Gobierno actual o cualquier otro que pudiera venir, pues que se prescinda de dar ningún tipo de ayuda por la paraplejía o consecuencias que tenga el no llevarlo puesto, pero en ningún caso sancionarle y además retirarle puntos, como si aún estuviésemos en el colegio o lo que aún es peor, estuviésemos en la mili, momento de mi vida que sigo sin apartar de mi mente y que origino odio y deseo de venganza en mi como nunca antes había tenido, tampoco después. Lo único grave que puede causar el que yo no lleve el cinturón puesto es que mi cabeza salga desprendida de mi cuerpo a gran velocidad y en su trayectoria se haye un motorista de la guardia civil y le dé tal golpe que le haga caer al suelo y ... ésto sí, ésto sí representa un peligro, pero es tan difícil, tan extremo el ejemplo que no sirve para otra cosa que para causar risa si se tiene buen humor.

-Por último, tres días de caducidad en el recibo del seguro del coche, en un coche que lleva asegurado 9 años a todo riesgo, es decir, jamás ha habido intencionalidad de no tenerlo o no tenerlo bien, con todos los recibos en mi poder, en el coche, desde su compra, 31 recibos tenía en el coche acumulados, incluidos los cinco últimos hasta hace tres días, sin embargo, quizá porque el correo no me lo ha entregado aún, quizá porque no lo he abierto, no lo sé, pues también he recibido otra sanción. Pensé que el pagarlo trimestralmente me haría soportar mejor el gasto, pero no conté con que el correo llegara tarde o simplemente me olvidase de meterlo en la guantera, y claro, tres días de caducidad ... joder, es lógico que iba a hacer el pobre Guardia, ¡menudo compromiso!.

 Así que al final ha resultado que me siento un mal ciudadano, puesto que el hecho de que por lo explicado me pongan 150 € de multa por el olvido del cinturón, 150 € por no haber pasado la I.T.V. retirada del permiso de circulación con la obligación de tener que ir a Tráfico, que ni siquiera sé dónde está, a por la documentación una vez pasada la I.T.V. y perder una mañana o unas horas de trabajo y además también me han quitado tres puntos y tengo que presentar en un plazo no superior a diez días el recibo del seguro.

En definitiva, no sé de qué leches me sirve haber pagado durante toda mi vida impuestos, no haber tenido devolución de recibos de ningún tipo, no haber cometido ningún delito, falta o haberme sometido en todo momento a lo que éste o cualquier otro Gobierno anterior han dictado como leyes o normas, puesto que parece que a partir de hoy soy un ser despreciable y abominable, al que hay que advertir de forma impositiva y dejándole sin demasiados recursos en el próximo mes, que su comportamiento no es cívico o suficientemente cívico.

De modo que yo me pregunto hasta que punto una persona con estima por si misma, que quiera sentirse orgullosa de haber sido civilizado, buena persona en definitiva, puede ganarse la vida, sabiendo que su trabajo consiste en putear a los demás; en ésta serie de trabajos de dudosa honorabilidad yo incluyo desde aquellos que tienen que dedicar su tiempo laboral a vigilar el comportamiento de los demás, desde los que juzgan hasta los que  defienden, acusan, dictan normas y viven a costa de los que no queremos que existan estos controles. Sin embargo y a pesar de someternos, es aún más deleznable el tener que soportar que no todos somos juzgados igual, que dependiendo de nuestra nacionalidad, nuestro status social y sobre todo el no querer meternos en líos, somos juzgados con una tabla de medida diferente y al final pagamos las facturas de éstos que sí tienen esa incapacidad de autoestima.

Desde luego esto no deja de ser una opinión absolutamente subjetiva, desde luego que alguien se sentirá ofendido, pero más ofendido y desprotegido que me siento yo no han de estarlo ellos, puesto que yo mañana o pasado tendré que hacer frente a las multas y demás historias en las que me han metido, y éstos están amparados por la tranquilidad que da el conocer el sistema y estar de acuerdo con él.

La florecilla

por Jesús
miércoles, 30 de mayo del 2007 a las 21:50
Esta es la historia de una florecilla que por su enorme belleza atraía hacia si a tantos y tantos cabestros que un buen día decidió que nadie más la comería.Ella, orgullosa de ser bella y atraer a tantos insectos, permaneció impertérrita durante años plantada en su precioso jardín, allí donde había nacido y había crecido hasta convertirse en la preciosa flor que hoy era.Durante años se propuso todo tipo de quimeras, desde no ser tan bella hasta desarraigarse de su lugar de nacimiento, pero cómo irse, con tantas personas que la amaban y la necesitaban para su existencia, y lo peor, dónde ir, a otro lugar donde su belleza primase por encima de su verdadera bondad que casi nadie aún había sabido descubrir.Todos la deseaban y todas la envidiaban, pero ella se sentía desdichada en su interior. Nadie conseguía mimarla con aquello que de verdad ella necesitaba, nadie supo nunca entender que detrás de ese mal genio aparente y de esa imagen de seguridad, había una persona, una mujer que deseaba que alguien se apropiase de ella y la cuidase, sin destrozar su autoestima ni su vanidad.Un día apareció de repente un hombre, él inmediatamente se dio cuenta de que había conseguido por fin encontrar a su alma gemela, a la mujer que constantemente había aparecido en sus sue_os, y sin saber que ella se proponía lo mismo, decidió seducirla. Él sabía que la tarea que se proponía no era en absoluto fácil, que más bien al contrario podía fracasar en el intento y que aunque llegase un momento en el que todo pareciese realmente controlado, existía todavía la posibilidad de perderla. De modo que no había que descuidar ni un sólo detalle, ni un sólo momento, el trabajo sería arduo, pero la recompensa sería el mayor tesoro que él podría conseguir en ningún momento de su vida.Así lo hizo, dedicó todo su empeño, puso gran interés, pero ella en ocasiones no lograba comprenderlo, pensaba que como siempre la mala fortuna le perseguía y que aquel no era más que otro cabestro con aires distintos, pero insecto al fin. El hombre sufría por no lograr hacerle ver a ella cuanto la amaba, cuanto la necesitaba y cuanto la había soñado a lo largo de su vida. No sabía cómo hacer para que ella se sincerase por completo con él.

En verdad ella nunca fue sincera, primero fueron pequeñas mentiras las que se descubrían por si solas, luego con el tiempo fueron otras mucho mayores y finalmente la mayor de todas, ella no era ella. Pero a pesar de la evidencia ella nunca quiso aceptar que se había hecho suplantar por otra persona, que en realidad no era más bella, sino que simplemente a primera vista, sin oirla hablar, sin saber cómo pensaba, sólo así como la imagen de una ninfa pintada por Tiziano, aparentaba ser alguien a quien postrarse a sus pies.Lo injusto para él fue que le puso voz y forma a esa imagen, que le puso carácter y que al final tuvo que renunciar a esa imagen y centrarse en otra. En absoluto le costaba aceptar como bella la nueva imagen, puesto que también lo era, simplemente no podía soportar tantas cosas inciertas del todo en tan breve espacio de tiempo, había generado en sí mismo tantas nuevas ilusiones y tan verazmente que aquello ya colmó por completo su paciencia y su ilusión se desvaneció.Fue probablemente el varapalo más fuerte que jamás había recibido, no sabía cómo aceptar aquello ni cómo renunciar al amor que tan pasionalmente había creado en su corazón.Cuando le ocurrió esto no tuvo otra alternativa que huir, primero del lugar donde se habían por fin conocido, después de si mismo, de la fuerza que le imponía no interpelar aquello ya una vez más afrontarlo, pero no pudo ser, su miedo fue superior a su valentía y huyó.Una mañana cogió su mochila, su tienda de campaña y algunas que otras cosas necesarias para salir al monte.  Montó en su coche sin saber muy bien dónde dirigirse y su brújula le indicó que había un lugar en los Montes Universales, cerca de la Sierra de Albarracín y del nacimiento de su río, El Tajo. Se marchó allí, dejó su coche en un pequeño pueblo de la comarca, Peralejos de las Truchas, junto al ayuntamiento, y le hizo saber al Policía Municipal que allí había, que regresaría cuatro días más tarde, que marchaba al Monte a caminar y que si para el Sábado a la hora de comer, el coche seguía ahí, es que habría pasado algo. Demasiadas precauciones, realmente no tenía porqué ocurrir nada, en realidad el lugar sí era un bosque, pero en verano y bien equipado no tenía porqué ser peligroso.Compré dos hogazas de pan, algún chorizo, salchichón, latas de foie gras, leche condensada y café, y me hice al monte.

Esa misma noche logré encontrar un lugar placentero donde dormir, cercano a un arroyo de aguas de montaña, con una suave hierba donde acampar y rodeado de estrellas en el cielo como jamás había visto tantas. Pensé que meditaría al respecto de lo que me ocurría, de lo que me había llevado hasta allí, pero sin darme cuenta fui olvidándome de mi vida y centrándome en la vida.La noche pasó con extrema lentitud, no sabía qué hora era cuando me acosté ni cuál era en cada uno de los momentos en los que me levanté, no llevaba ni reloj, ni móvil, ni ningún aparato que pudiese informarme o conectarme con algo mundano, sólo sabía que tenía que pasar cuatro noches fuera, dormir en mi tienda, comer, beber y caminar eran el único objetivo y cuando llegase algún lugar habitado, huir de esa zona para adentrarme en el bosque, antes de saber de qué lugar se trataba. Cuando el viernes, es decir, cuando pasase la última noche, ya intentaría acercarme a algún lugar habitado para después coger un taxi y regresar al lugar donde dejé el coche.Bueno probablemente fue todo aquello lo que pensé y realmente así fue como ocurrió; efectivamente después de cuatro largos días con sus noches y de alguna que otra anécdota sin importancia, volví al lugar donde había dejado el coche y me marché a casa.A partir de ese momento volvía a encontrarme perdido, mucho más de lo que lo hubiera estado en el monte. No era una pérdida de ubicación física, de espacio, sino de ubicación personal, de no saber cuál era el fin que perseguía, qué hacer mañana a parte de trabajar. Tiempo más tarde encontré la solución al enigma, simplemente había que vivir, día a día, momento a momento, y esperar que la vida deparase, como siempre lo hace, distintos caminos a elegir, distintas facetas a vivir y circunstancias a asumir, y así, poco a poco fuí entendiendo que no puedo huir de la vida, que ella me persigue, que debo vivirla y que un día, cuando menos me lo espere y probablemente sin desearlo, ella, la vida, me abandonará. 

La moraleja de este pequeño relato no es otra que las decepciones no lo son tanto pasado un tiempo, que la paciencia para el cambio es una virtud, como siempre lo ha sido y que todo termina siendo una adaptación de nosotros a las circunstancias, esto ocurre sin remisión, de nosotros depende sólo el tiempo que deseemos tardar en esa adaptación.  

El maniquí

por Jesús
miércoles, 30 de mayo del 2007 a las 21:41
          Empieza con música, el comienzo de la “Rapsodia sobre un tema de Paganini”,           de Rachmaninov, aproximadamente los primeros 20 segundos. Durante el sonido             de la música, simultáneamente se escuchan pasos de calzado masculino; justo              en el momento que finaliza la música -los 20 segundos- finalizan los pasos que             han llegado a su destino y una voz masculina de unos 35 años, con tonalidad             muy grave, dice:                           GERMÁN: Lo siento, me ha sido imposible. ELENA: (era la mujer que estaba esperando, de unos 33 años, suspira y con voz    muy femenina, en tono no demasiado agudo, muy educada).   Bien... Bien...  Esta ha sido la tercera vez, tendrá que ocurrírsete algo mejor, no         podemos volver a fallar. GERMÁN: ¿Cómo puedo ponerme en contacto contigo? ELENA: Pon un anuncio en el diario “El Independiente”, en la sección de    Varios, dí -para Katia-, una hora de ese mismo día, después de las 15,00 horas         por favor y espérame aquí. GERMÁN: No te preocupes, se me ocurrirá algo.  ELENA:(de forma imperativa, dominante)  Procura que así sea.  - Ya en la Opera, en un palco, se escucha “Furia di donna irata” de la Opera “La       Cecchina ossia La buona figliuola”, de Niccoló Piccinni; 1.30 minutos                  aproximadamente; entre tanto, muy seria y casi enfadada, Elena dice:  ELENA: (suena un golpe con la palma de la mano en otra)   ¡Estate quieto!. JULIO: Perdona, vas tan corta que pensé... ELENA: ¡Pensaste! Tu nunca has pensado, sólo has tenido instintos, como los   niños: comes, bebes, juegas, a veces hasta defecas en los pantalones. JULIO: (tolerante, pero careciendo de personalidad)   Vale, vale... lo siento.            -aquí debe haber acabado la música, y ya afuera en el vestíbulo...  ELENA: (hablando en voz muy baja) Pórtate bien, ese es el Cónsul de Nigeria. CÓNSUL: (con acento africano) A sus pies Señora.

ELENA: Buenas noches Sr.Cónsul. ¿Conoce usted a mi marido? CÓNSUL: No tengo el gusto, buenas noches. Tiene usted una mujer envidiable. JULIO: Muchas gracias Sr. Cónsul. ¿Le ha gustado? CÓNSUL: Por favor para ustedes soy Alí, así es como me llaman mis amigos. JULIO: Encantado, entonces llámeme Julio por favor, así me llama todo el           mundo, pero dígame ¿le ha gustado?. CÓNSUL: Sí,  me ha parecido soberbia la interpretación,  me gusta mucho la       opera,           pero no dispongo de tiempo suficiente para venir más a menudo;                     discúlpenme, tengo que atender a otros conocidos, ya sabe... los diplomáticos no        tenemos horario laboral. ¡Elena espero volver a verla pronto!. ELENA : Muy bien, estaremos en contacto, hasta pronto. JULIO: Bueno Alí, hasta la próxima, me ha gustado conocerle.   -Días más tarde en el despacho de su Empresa.-   ELENA: Buenos días Rosa, no me pases a nadie por favor, tengo algunas                   llamadas que hacer. ROSA: Buenos días Doña Elena. ¡Ah, el periódico!  -Elena ojea el periódico, suenan las páginas al pasar, se detiene unos segundos        y en la sección de anuncios lee: -  ELENA: Katia, a las 21,00.  -Suenan ruidos de coches, vuelven a sonar los primeros 20 segundos de la                  “Rapsodia sobre un tema de Paganini”, de Rachmaninov. Vuelve el silencio, aspirar de humo de cigarrillos, lo tira y lo apaga con el pie (que suene  el rozar del      suelo contra el zapato). De pronto, como la vez anterior, unos pasos, los de   Elena, paran y... ELENA: Y bien... 

GERMÁN: Creo que podremos callarle la boca; pero hay un pequeño problema con el           Juez Cantoria, está apretándole las clavijas. ELENA: Sí... pero no dijiste que el padre estaba en paro, pues ya está, no me digas que va a hacer caso a ese imbécil de Cantoria y no va a sacar tajada. GERMÁN: No sé, no me gusta esto, está tardando mucho en decidirse,                regateando.  ELENA: ¿Regateando? Te dije que no regateases, dale lo que quiera, pero quítamelo de en medio. GERMÁN: Creo que tiene algún asunto pendiente con él. Tengo un amigo en el Juzgado de Cantoria, parece ser que el padre de la chica tuvo un accidente    yendo algo bebido y un hombre quedó tetrapléjico, debe de haberle amenazado        con meterle un buen paquete si no sigue adelante con la denuncia. ELENA: ¿Tu que me aconsejas? GERMÁN: No sé, depende de ti, de lo importante que sea que se desvele este asunto. ELENA: No sé cómo pude casarme con este imbécil. GERMÁN: Porque era guapo y figurón, si no hubieras roto nuestra relación,        ahora serías feliz. ELENA: Deja ese asunto. ¿Cómo crees que puedes convencerle? GERMÁN: Ya sabes los círculos en los que me muevo, hay gente que me debe           favores y al padre de la chica estoy seguro que tiene más miedo al dolor que a la         cárcel. Quizá dándole un pequeño susto cambie de idea, de todos modos necesito         cinco millones. ELENA: Bien, te los daré y no quiero saber nada más de este asunto, ¿de            acuerdo?. Esta vez seré yo quien ponga el anuncio.  (Mientras se marcha Germán dice...)  GERMÁN: No debes preocuparte, siempre he sido tu perrito faldero. Ah, si          quieres te puedo hacer otro favor para tu marido.  -Ella llega a su casa, suena el ruido de la cerradura, le recibe el mayordomo de        su casa.

 CARLOS (Mayordomo): Buenas noches Señora. ELENA: Hola Carlos ¿ha venido mi marido? CARLOS: Llamó para avisar que no le esperara.    -Ella se acuesta, se duerme y más tarde se oye un golpe de la puerta y un traspié.  ELENA: ¿Otra vez borracho? JULIO: No cariño be-bido, be-bido. ELENA: Márchate a la otra habitación. JULIO: ¿no quieres marchita? ELENA: ¡que te marches he dicho! JULIO: Vale... Vale...  -Al día siguiente en la oficina.  ELENA: Buenos días, Rosa. ROSA: Buenos días, Doña Elena. ELENA: Necesito media hora, no me pases a nadie.  -Suena el marcar de los números del teléfono y dos llamadas, con el sonido del auricular.  TELEFONISTA: (voz de chica) ¡El Independiente! Buenos días.  ELENA: Buenos días, por favor podría pasarme con la sección de anuncios. TELEFONISTA: Yo misma puedo atenderle Señora, dígame. ELENA: Bien, para la sección de VARIOS. TELEFONISTA: (repitiendo) Va-rios, varios, varios, aquí está, dígame.

ELENA: A ti Germán a las ocho p.m. TELEFONISTA: Sí, ¿algo más? ELENA: No sólo eso, ¿cómo pago esto? TELEFONISTA: No se preocupe, si el mensaje es de contactos y no pasa de    diez palabras es gratuito. ELENA: (con voz de extrañeza y algo confusa) Ah, bien pues muchas gracias. TELEFONISTA: A usted señora, Buenos Días.  -Suena música, son las 8,10 de la tarde, se oyen pasos, los de ella y Germán con   ironía dice:  GERMÁN: Te has retrasado, estás cambiando, estás empezando a convertirte en mujer, tu que siempre has sido tan puntual. ¡Esto me gusta! ELENA: (pretendiendo seriedad pero con un esbozo de coquetería) No digas         tonterías, había mucho tráfico y no encontraba Taxi.  ¡Toma el dinero, espero que esta vez quede solucionado! Y por favor, no seáis        demasiado duros, siempre he odiado la violencia. GERMÁN: Por favor, no tengas falsos pudores, no se pueden hacer grandes         negocios vendiendo armas y luego decir que no te gusta la violencia. ELENA: (imperativa) No quiero estar mezclada en nada de esto, ¡ y tu tampoco           deberías de estarlo!  En el fondo te tengo mucho aprecio. GERMÁN: Elena por favor no seas tan sentimental, no te derrumbes ahora o es que va  resultar que eres humana. ELENA: Bueno no puedo perder más tiempo con resentidos, tengo una cena de compromiso.  -Al día siguiente en la oficina.  ROSA: Buenos días Doña Elena. ELENA: Hola Rosa, ¿algo para mí? ROSA: No ¡tenga la prensa!

 - suena la puerta del despacho al cerrar y el ojeo del periódico al pasar las hojas        y con voz de leer para sí misma...  ELENA: Un hombre brutalmente apaleado aparece muerto en un descampado.          Al parecer estaba implicado en la distribución a pequeños narcotraficantes; este periódico ha sabido de fuentes  próximas al fallecido que hace unos ocho meses        tuvo un accidente de tráfico por conducir en estado de embriaguez, del que     resultó una persona herida grave quedando   tetrapléjica, la policía sospecha que           es un ajuste de cuentas. El juez Cantoria ha ordenado la investigación del      caso   a la policía judicial.  -Suena el teléfono, dos llamadas.  ELENA: Sí. ROSA: Un tal Señor Saez... dice que necesita hablar con usted, le he dicho que           intentaría pasarle la llamada al móvil, pero que no sabía si tendría cobertura. ELENA: ¿Saez...?  Ah, sí pásamelo. GERMÁN: (disimulando su voz, en tono de broma). Señora Yolca, Doña Elena. ELENA: Eres bobo, te dije que no me llamases aquí. GERMÁN: (Su voz habitual y ya más serio). Tranquilízate, no te pongas         nerviosa, no hay nada que temer. ELENA: Que no me ponga nerviosa; quiero verte enseguida, esta tarde a las    9,00. GERMÁN: Vale... de acuerdo, hasta luego.  -de nuevo la música de la Rapsodia, los primeros 20 segundos y suenan los pasos    acostumbrados.  ELENA: Bueno, qué ha pasado, cómo has podido ser tan bruto, no creí que   fueras capaz de hacer algo semejante. 

GERMÁN: Primero quiero que sepas que yo no estaba cuando ha ocurrido lo     que ha ocurrido y ahora te explico: uno de los que iban a asustarle le reconoció,       parece ser que habían tenido un affair no consentido en la cárcel y este se la tenía          jurada, así que cálmate, ya está solucionado y ni tú ni yo tenemos nada que ver        en este asunto. ELENA: ¿Y el dinero? GERMÁN: No pasa nada, no hay forma de demostrar que se lo dimos nosotros       y en cualquier caso aquí estoy yo para apechugar.  -Elena rompe a llorar  GERMÁN: Hey, hey ¿qué te pasa? Ven consuélate, cálmate, yo siempre estaré        a tu lado. ELENA: (gimoteando). Bien, bien, ya está, no empeoremos más la situación. ¿Qué pasa con Cantoria? ¡Ha ordenado la investigación del caso! GERMÁN: Te he dicho que no hay forma de que nos relacionen con el caso.  ELENA: ¿ y la chica qué, qué va a ser ahora de ella? GERMÁN: Pues que por fin será libre, le hemos hecho un favor y mira dentro   de dos años será mayor de edad, le hemos adelantado el momento que ella              ansiaba.  ELENA: ¿Cómo puedes pensar así? GERMÁN: Por eso me gustas tanto, por tu talante ante la vida, crees que es           todo color de rosa, como tu edredón.   Tendrías que viajar más, pasear más, coger     el autobús de vez en cuando y tomarte unas cañas en un bar de barrio; salir de           tu despacho de donde todo lo tienes controlado, de tu ambiente de amigos             guapos, engominados, con la lengua         pegada al paladar.  Algún día tienes que     empezar a vivir, bajar al submundo y conocer y comprender, que las putas de barrio bajo se prostituyen por supervivencia y no por importantes negocios o      prestigio social. En el mundo que tu te mueves, hay más putas que en el barrio          rojo de Amsterdam, y además sin corazón. ELENA: Eso es lo que piensas de mí, ¿verdad?, crees que me prostituyo por mi     posición social.           GERMÁN: No Elena, tú no has necesitado prostituirte, sólo te introdujeron en        un mundo supuestamente mejor, pero para saborear la miel hay que haber                  probado la hiel y tu llevas tomando miel toda la vida. ¡Ven conmigo!  Deja a ese maniquí de marido que jamás te ha hecho feliz. ¡Deja    que te enseñe a apreciar lo que tienes!

ELENA: ¿Qué quieres que abandone todo por ti?, ¿qué me marche a vivir         contigo?, del sueldo de un detective sin trabajo seguro. GERMÁN: No... yo no quiero que tu hagas nada por mí, lo que quiero es que          lo hagas por ti y para eso no hace falta que abandones nada, sólo tienes que           tomarte unas          vacaciones, delegar tu trabajo en otros. Tienes gente válida y eficaz        para ello; ganas más dinero en un mes de lo que cualquier persona del montón           gastaría en toda su vida. La vida no consiste en acaparar fortuna. Además no   tienes hijos, ¿a quién vas a dejar tu imperio? ¿por quién luchas en la vida?    Porque si es por ti, no llevas el camino correcto, sólo la búsqueda de la felicidad           es el sudor sensato que debe gastar el hombre y tu con excepción de tu infancia         no has sido feliz. ELENA: (Con voz melosa). Te equivocas, los dos años que pasé a tu lado sí lo   fuí. GERMÁN: Entonces por qué te marchaste, por qué me dejaste. ELENA: Papá se empeñó en que organizara mi vida y con un policía me dijo que no podría desarrollar mi carrera. Después, cuando te echaron por el asunto de   corrupción, pensé mucho en ti, pero ya era tarde, no podía romper mi                     matrimonio. GERMÁN: Aquel asunto, fue un montaje, aunque te resulte difícil de creer fuí   yo quien descubrió que algunos de mis compañeros recibían dinero a cambio de         hacer la vista gorda con extranjeras ilegales que se dedicaban a la prostitución.       Ahí, hay más intereses de los que se puedan imaginar. Todos los jueces y policías        lo saben y nadie hace nada por evitarlo, es el nuevo tráfico de esclavos en Europa.           Convencen a las chicas de que aquí podrán trabajar y ganar suficiente para        mandar un dinerillo a los suyos, hipotecan todo, la casa de los padres, todo    y luego llegan y sólo hay una forma de satisfacer la deuda contraída con los      prestamistas, prostituirse, tener que follarse a cuatro viejos babosos todas las   noches en algún Club de carretera, para poder sobrevivir y enviar algo a los suyos;     fuí yo quien destapó aquello y como no pude probarlo, todos mis compañeros  se echaron contra mí, excepto algunos claro, pero tenían hijos y una familia que     mantener y esa siempre ha sido  llave del chantaje.  Pero ahora soy libre, hago lo     que me apetece y no tengo que aceptar absurdas órdenes que no sé de quien         parten, ni a quién benefician. ELENA: Siempre he intuido que debajo de ese tipo tan hortera, había una     persona llena          de sensatez y eso es lo que me gustaba de ti.  GERMÁN: ¿y ahora qué, ya no te gusta? ELENA: Sí, pero ya no soy una niña, no puedo dejarlo todo, salir corriendo,     darte la mano y convertirme en tu mujer. No sabría tenerte planchadas las        camisas, ni  preparada la cena, ni cómo cuidarte.  

GERMÁN: Te olvidas de que siempre he sido yo quien ha cuidado de ti y por las          camisas, no te preocupes, yo jamás plancho las camisas, ¿para qué? siempre van          debajo del jersey.            - sonríen y ya ella se muestra bastante más simpática por la nostalgia.  ELENA: Bueno... he de irme. GERMÁN: ¿Te acerco a algún lado? Tengo el coche ahí mismo.  ELENA: No, es mejor que no nos vean juntos.  GERMÁN: Te repito que no tienes que preocuparte de nada, ni tampoco por mí. Te aseguro que no hay forma de que nos relacionen con ese asunto.  ELENA: De todos modo, prefiero coger un taxi, hoy te veo muy sentimental, es        mejor así. Adiós. GERMÁN: Como quieras, pero no tienes miedo de mi, sino de ti, no puedes     continuar dando la espalda a la felicidad.  ELENA: (con voz lejana). Adiós.  GERMÁN: Hasta luego.  -Elena llega a casa, con aire muy simpático, suena la cerradura y saluda a Carlos,      el mayordomo.  ELENA: Buenas noches Carlos. CARLOS: Buenas noches Señora. ¿Ha tenido un buen día? ELENA: No demasiado, pero espero terminarlo bien. ¿ha llegado mi marido? CARLOS: No, aún no. ELENA: Mejor, quiero hablar con usted. CARLOS: ¿Ocurre algo señora?  ELENA: Sí, ven pase siéntese. 

CARLOS: ¿Ha dicho que me siente?  ELENA: Sí, ¡siéntese!, usted y yo nos conocemos hace tiempo. CARLOS: (En tono confidencial). Sí, dieciocho años, era usted una quinceañera     cuando su padre me contrató. ELENA: _Cómo pasa el tiempo!. Dígame ¿qué opinaría usted de mi si dejara a              mi    marido? CARLOS: Señora eso no me corresponde a mi juzgarlo, cualquier decisión que usted tome a mi me parecerá la más correcta.  ELENA: Sí , pero necesito que me responda con sinceridad, para mi es muy     importante, usted y yo hemos hablado pocas veces de asuntos personales, pero   pocas personas me conocen desde hace dieciocho años y ninguna tan bien, su    opinión para mi es más válida que la de muchos que dicen ser mis amigos.  CARLOS: Me halaga usted con eso. Bien se lo diré y espero que no me lo tome         a mal.El Señor para mi, es un sinvergüenza que no le llega a usted a la suela de los zapatos. Además, sólo he visto como le hacia infeliz a usted; jamás he visto un    detalle de afecto sincero, y le aseguro, que tanto el resto del servicio como yo ,       seríamos muy felices si su matrimonio se deshiciera. ELENA: ¡Me sorprende!. CARLOS: Siento muchísimo si le he ofendido, pero usted me pidió que fuera      sincero. ELENA: Vaya, parece que todo el mundo se ha dado cuenta de lo que yo he     pretendido ocultar durante tanto tiempo.  -se oye la cerradura y hay un cambio en el tono de voz, pasa de cierta complicidad    a recelo.  CARLOS: ¡Es el Señor! ELENA: Dígale que estoy aquí esperándole, en el despacho, que quiero verle.  Carlos sale del despacho, cierra la puerta, saluda a Julio que viene ebrio y se le nota suficientemente en la voz, pero sin llegar a ser ridículo.  

CARLOS: Buenas noches Señor, la Señora está esperándole en el despacho. JULIO: Muy bien Carlitos, muy bien.  - Suena la puerta, las bisagras, y Julio saluda a su mujer.  JULIO: Buenas noches gatita. ELENA: Siéntate quiero hablar contigo. JULIO: Ya me he enterado de que tu y tu amigo el detective, habéis matado a     ese capullo. ELENA: ¡Pero qué dices! Eso no tiene nada que ver conmigo. JULIO: Claro que sí gatita, ahora estamos en el mismo barco. ELENA: No me llames gatita. JULIO: Como tu quieras, ga-ti-ta.  -Elena arrastra la silla y se levanta marchándose muy nerviosa.  JULIO: Pero no querías hablar conmigo. ELENA: Cuando estés sobrio, ahora no te enterarías de nada.  JULIO: Pues espérame sentada, pienso seguir borracho por mucho tiempo.        ¡tengo que celebrarlo!  - Al día siguiente en la oficina, con un aire de simpatía distinto del habitual.  ELENA: Buenos días Rosa. ROSA: Buenos días Doña Elena. Hay una chica esperando en el despacho, ha          insistido mucho y me ha dicho que había quedado con usted. ELENA: ¿una chica? No recuerdo haber quedado con nadie. (Se oye abrir la    puerta) Hola, ¿me buscabas a mi? 

CHICA: (Es la hija del fallecido, tiene 17 años y sus modales son algo rudos, de         barrio, pero sin caer en lo excéntrico, sabiendo estar, a pesar de su falta de        cultura) Sí, soy la hija de Emilio Vázquez. ELENA: ¿Emilio Vázquez? CHICA: Sí, sé que usted sabe quien soy, su marido intentó violarme, aunque la           verdad, tampoco es del todo cierto, él estaba muy borracho y no se acuerda de          nada. He venido a contarle toda la verdad.  ELENA: Bien, pues tu dirás ¿quieres un café? CHICA: Si va a tomarlo usted, todavía no he desayunado. ELENA: (aprieta el interfono) Rosa, por favor ¿podrías traernos dos cafés? CHICA: ¿sabe...(espera unos segundos) mi padre ha muerto. ELENA: Sí, lo siento muchísimo, lo leí ayer en el periódico. Por cierto y                   perdona que me entrometa, pero hoy era el entierro, ¿no deberías de estar allí? CHICA: Aún faltan algunas horas, es esta tarde y es uno de los motivos por el         que vengo, después me marcharé y no quiero volver a saber nada más de esta           ciudad.  Yo no tenía          más familia que mi padre y de padre no tenía nada, todavía         no tengo claro cómo o por qué, pero en mi mente bulle todo y sé que era un tipo           despreciable, además si alguien ha abusado de mi y se ha aprovechado, ese ha sido él y aunque le suene muy duro me alegro de que se lo hallan cargado, se lo tenía      bien merecido, ¡el cabrón! ELENA: No conozco a nadie que hable así de su padre y menos habiendo       muerto ayer.  

CHICA: Claro seguramente no es capaz de pensar lo que un padre  puede hacer.          Pero no he venido a contarle mi vida, he venido a tranquilizarle y explicarle que    su marido, a pesar de ser un gilipollas, y perdone que se lo diga, no me hizo nada   que yo no le dejara hacer. Ese no tiene cojones para nada y perdone pero es que        es así y usted debe saberlo. Lo que ocurrió fue que mi padre vendía coca y su           marido era “el mejor de los clientes”, siempre pagaba en el acto y siempre                  pagando más por menos. Llegaba con unos fajos de billetes          tremendos, ¡bien de          pelas que le ha vacilado mi padre!, a veces mi padre arreglaba timbas con otros y él; ellos se conocían hace tiempo, pero mi padre no era amigo de nadie; de     modo que me obligó a que mantuviese relaciones con él, sin que Julio se enterará        claro. El plan era que yo me insinuara y Julio pensase que estaba colada por él;         yo no quería, pero mi padre era un bestia y yo sabía que si no accedía, más valía        que me marchase de la ciudad, así que durante unos meses acepté. Un día mi          padre arregló todo para que me quedase a solas con Julio, él no sabía que había        sido mi padre quien me había obligado a mantener esas relaciones, pero yo creo    que se lo imaginaba, así que... ELENA: ¡un momento! ¡un momento!  ¿ mi marido se acostaba contigo desde         hace tiempo?. CHICA: Bueno espero que ahora no se enfade conmigo, he venido a contárselo.  ELENA: No, no es eso, tranquila, lo entiendo. CHICA: Bueno pues cuando estábamos liados en toda la faena, mi padre entró, yo sabía que entraría claro y le montó un rollo a Julio, ¿¡qué cómo esperaba       compensar esta ofensa, abusando como estaba de una niña y estando casado?. Lo demás ya lo sabe, Julio se           acojonó y mi padre habló con usted, pero él no           trató de violarme ni nada, fui yo, obligada por mi padre, quien se lo puse en           bandeja.Y eso es todo, sólo quería que lo supiera por mí. ELENA: ¿Y ahora qué vas a hacer? CHICA: No lo sé, a lo mejor me voy con una tía mía a Zamora, tiene un bar y          seguro que no le vendrá mal un poco de ayuda. ELENA: Bueno te voy a dar mi teléfono, si tienes problemas, los que sean, si necesitas ayuda, llámame. Te deseo que tengas mucha suerte. CHICA: Gracias, adiós, espero no tener que llamarla.  -suena la puerta al salir, unos segundos y el arrastrar de la silla, marca un número    en el teléfono. Durante toda la conversación telefónica, las voces deben ser de          ilusión, como las de dos adolescentes intentando engañar a sus padres para irse       juntos de vacaciones.  GERMÁN: Sí, dígame. ELENA: Germán, soy Elena. GERMÁN: No se puede oír una voz más bonita a estas horas de la mañana. ELENA: Si te propusiese que me acompañases a un viaje al Caribe, ¿qué me     dirías? GERMÁN: En calidad de qué. ELENA: En calidad de ti, tu siempre has tenido mucha calidad.

GERMÁN: ¿Cuándo?  ELENA: Primero tengo que arreglar unos asuntos, creo que pasado mañana. GERMÁN: ¿Y el maniquí? ELENA: ¿Qué maniquí? GERMÁN: Tu marido. ELENA: No, tu y yo solos. GERMÁN: Perfecto, llámame para confirmar una hora.  ELENA: De acuerdo, hasta pasado mañana.  -suena la puerta de su casa y Carlos, el mayordomo, le recibe.  CARLOS: Buenas noches Señora. ELENA: Hola Carlos. CARLOS: (en voz baja) El Señor está esperándola, creo que está algo nervioso. ELENA: ( también en voz baja y con cierta complicidad) Eso me gusta.   - suena la puerta del despacho.  JULIO: Vaya, ya era hora. ELENA: ¿Querías algo? JULIO: ¡Qué si quería algo!¿qué es esto? ELENA: ¿No lo ves? Un documento por el que tu y yo nos separamos, así que           coge el dinero y lárgate. JULIO: Ah no gatita, estamos en el mismo barco y si quieres deshacerte de mi,   te va a salir algo más caro. 

ELENA: Te equivocas, tu y yo nunca hemos estado en el mismo barco. Quiero          que sepas que lo sé todo, lo de las timbas, que estabas tirándote a esa pobre chica       desde hacía mucho tiempo, y que no eres más que un cocainómano pretencioso.    Además, sé que su padre te amenazó y de todo ello tengo pruebas. Ah, ni Germán      ni yo hemos tenido nada que ver en este asunto, Germán se limi

Los Churros

por Jesús
miércoles, 30 de mayo del 2007 a las 21:37
                                                                                  PRIMER ACTO  (Comienza con música, La mañana, de Peer Gynt, GRIEG durante un minuto y treinta y cinco segundos, aproximadamente, según versión) Hoy es Lunes. Son las 8,00 horas de la mañana y suena el despertador: pi-pi-pi, pi-pi-pi.  - TOMAS: (desperezándose) ¡Ahhhh!, Pili levántate, anda. Prepárame la ropa y el desayuno. - PILAR: (con voz de primera hora de la mañana) ¿Cuándo vas a aprender a calentar la leche? - TOMAS: ¡Venga!, que luego llego tarde y sabes que no me gusta. Pilar se levanta parsimoniosamente (suenan los muelles de la cama, unos pasos de talones y zapatillas en chancla), se ha dirigido al servicio (suena un ligero ruido al chocar la primera micción de la mañana contra el inodoro, el romper del papel higiénico y la cadena del water), de nuevo otros pasos a chancletazos hasta la cocina y el cacharreo de calentar la leche. Entre tanto se oyen esos ruidos de fondo:  

-TOMAS: (Con voz áspera y ronca de la mañana y entre bostezos) ¡Los Lunes son horribles...! 

Se levanta, se dirige al cuarto de baño y realiza una operación similar a la de Pilar, y además se lava la cara y los dientes (se oye el ruido del grifo abierto, y del cepillo sobre los dientes) (Aquí debe coincidir con el momento de mayor sonoridad de la orquesta)   - PILAR: (Con voz cansada): Ya te he dejado el desayuno preparado. ¡Hasta luego!, ¿me das un beso? - TOMAS: Venga, que sabes que no me gusta llegar tarde. - PILAR: ¡Que asquerosito eres, hijo! (Se acaba la música y se oye el crujir del colchón. Pilar vuelve a tumbarse en la cama y comienza a hablar para sus adentros y a soñar):  - PILAR (monólogo): Que a gusto, toda la cama para mí solita... Tengo que llevar a Joaquín al logopeda, es demasiado mayor para hablar así.Su hermana habla por los codos, ¡es una ratilla!¿Por qué se le atascarán las palabras?¡La culpa es de su padre, siempre metiéndose con él!Y es que este niño es muy sensible, no tiene cabeza para pensar en fútbol ni en todo lo que a su padre le gusta.Que si ¡vámonos al campo!, que si ¡a correr!, que si ahora ¡a jugar al fútbol!Siempre atacándole... , y a este niño le gusta ir a su aire, es muy tranquilo, le gusta pensar en las musarañas. ¡A saber qué pensamientos rondarán por su cabeza...!

Y para colmo, Asunción, su maestra, tan rubia y delgada, que a este imbécil se le cae la baba con ella. Cada vez que hay que ir a hablar con ella: “¡No te preocupes cariño que yo iré”. Y seguro que es para lo mismo de siempre: “Que si el niño debe tener problemas, que no se relaciona, que no participa de las clases, ¡que siempre está sólo!...”   - ASUNCIÓN: (Con voz lejana, con un pequeño eco, recordando en la memoria) Hay que llevarle al psicólogo, todavía estamos a tiempo. (El diálogo pasa del sonido en eco al presente) - TOMAS: Lo que tú digas Asunción, pero yo creo que lo que necesita es jugar más al fútbol, ya verás como cuando le den dos patadas reacciona. - PILAR: (Va desvaneciéndose la voz, ha vuelto a coger el sueño)  Tú siempre igual. Al niño no le pasa nada,  sólo que es así, o es que todos los niños tienen que ser traviesos y jugar al fútbol. Pasan 3 segundos y de pronto vuelve a sonar el despertador: pi-pi-pi, pi-pi-pi, pi-pi-piSuena música: Danza china de “Cascanueces”, Tchaikowsky, aproximadamente un minuto y veinte segundos, según versión. - BEGOÑA: ¡Mamá!, ¡mamá! - PILAR: (Con voz cansada) Ya voy hija. (Se oyen unos pasos acercarse y dos besos). Buenos días, ¿qué tal noche ha pasado mi niña? - BEGOÑA: ¡Quiero hacer pis! - PILAR:  Vamos al servicio... - JOAQUÍN: (Desde lejos) ¡Mamá!, ¿es la hora? 

- PILAR: (desde el servicio) ¡Vamos, arriba!, que hay que ir al cole. - JOAQUÍN: (con voz más cercana) Mamá, las personas ¿cuándo pueden hacer lo que quieran sin que nadie les diga nada? - PILAR: ¿Qué quieres hacer? - JOAQUÍN: No, nada, era sólo una pregunta. - PILAR: Estas bragas están ya muy viejas y hay que tirarlas. - BEGOÑA: (con voz melosa) ¡Jo mamá, no las tires que son las que me regaló la abuela! - PILAR: Pero hija si ya no valen... - BEGOÑA: ( casi gimiendo) Pero a mi me gustan... - PILAR: Tú si que no tienes problemas de comunicación.(Imitándola): ¡Jo mamá, no las tires que son las que me regaló la abuela! (Suenan voces de niños a la entrada del colegio) - PILAR: ¡Venga, hasta luego! Dadme un beso y portaros bien. - JOAQUÍN Y BEGOÑA: (Casi al unísono) ¡Adiós mamá!    

                                                                  SEGUNDO ACTO   Durante cinco segundos suena ruido de un centro comercial y de fondo: “ofertas en ropa de primavera, sección 3, primera planta” Pilar, de regreso a casa, va haciendo la compra por el camino. De pronto se cruza con un hombre muy atractivo, queriendo reconocer en él a alguien. - CARLOS: (Denotando inseguridad) ¿Pilar?Ella se vuelve, pero no reacciona. - CARLOS: ¿Eres tú, Pilar? - PILAR: (dubitativa) ¿Carlos?, ¿eres Carlos?, ¿qué tal?, ¡cuánto hace que no te veía! (Dos besos) - CARLOS: Desde que me marché a Barcelona, hace unos ocho años. Estaba seguro de que eras tú, no has cambiado nada. - PILAR: No seas tan galante, claro que he cambiado, estoy más gorda y más vieja. Tú si que no has cambiado. ¿Qué haces por aquí?, lo último que supe de ti es que te habías casado.

 - CARLOS: ¿Te apetece un café? - PILAR: Sí, claro. (Entran en una cafetería y se oyen ruidos de tazas, calentador a presión de leche, etc.) - CARLOS: Mira, ahí hay una mesa, ¿nos sentamos?. - PILAR: Sí, ¡estoy cansadísima! - CAMARERO: Buenos días, ¿café? - CARLOS: Sí, con leche para mi. - PILAR: Yo también, pero corto de café, por favor. - CARLOS: Y unos churros. (Con voz más baja dirigiéndose a Pilar en plan confidencial). Los churros de Madrid tienen algo especial, traen buenos recuerdos. - PILAR: Bueno, cuéntame, a qué te dedicas. ¿Terminaste arquitectura? - CARLOS: Sí, tengo un despacho en Barcelona. Y tú, ¿terminaste... geografía, verdad? - PILAR: Sí, terminé y comencé a dar clases, pero tuve que dejarlo. Tengo dos hijos preciosos. Un niño y una niña. - CARLOS: ¡Qué bien!, y ¿ qué edades tienen?

- PILAR: Pues Joaquín, el mayor, tiene siete años, es un chico muy guapo y bueno, demasiado sensible para los tiempos que corren. No es que sea tímido, te diría, y no es amor de madre, que es más inteligente que los niños de su entorno, así que apenas se relaciona con ellos. No le gusta jugar y se pasa el día pensando no sé en qué, pero sé que piensa. Le pregunto, ¿estás aburrido? Y me dice que no, que así está a gusto. Se entretiene leyendo libros o viéndolos, la verdad, no lo sé. Nunca le he visto con un tebeo o con un cuento. Dice que no le gustan. No sé a quién habrá salido. Su padre es todo lo contrario y yo tampoco era así. Así es que su padre se desespera. Él, cuando vino el niño, ¡tan contento!. Se le hacía la boca agua soñando en llevarle a ver partidos de fútbol, jugar con él a peleas y todo eso que les gusta hacer a los padres con sus hijos, pero este niño es de otra madera. Yo no sé qué rondará por su cabeza.Y luego a los dos años tuve a Begoña, que es igual que yo de pequeña, una ratilla. Pero que te voy a decir yo si soy su madre.Y tú ¿qué?, ¿te casaste? - CARLOS: Sí. Después de terminar la carrera me marché a París a hacer un master y allí conocí a Merçé. Era una rubia muy guapa, de una familia de empresarios catalanes. Habíamos estudiado en la misma facultad, sólo que con dos años de diferencia y, no nos habíamos conocido. Tuvo que ser en París donde conociese a la que luego fue mi mujer. - CAMARERO: ¿Corto de café?... - PILAR: Para mí. - CAMARERO: Y el normal para usted. ¿Los churritos? 

- CARLOS: Gracias. Los churros de Madrid son otra cosa... - PILAR: Bueno, sigue. ¿Fue muy romántico? Se ha ido desvaneciendo el sonido de la cafetería hasta que ha dejado de oírse. - CARLOS: París... es París. Estuvimos un año allí. El invierno parisino es muy frío, ¡ya sabes...! Así que, pronto decidimos que para qué íbamos a ocupar apartamentos distintos. Yo compartía apartamento con un chico alemán, un italiano, y un asturiano con el que todavía tengo buena amistad. Así que Merçé me ofreció que compartiéramos el suyo. Ella vivía sola y las noches parisinas son muy frías, ¡ya sabes...! Por cierto, tu marido no será aquel chico con el que salías la última vez que te vi en la fiesta de fin de curso, que organizábais los de Historia; un chico moreno, alto que hacía empresariales. - PILAR: Sí, Tomás. Ya va para 14 años que nos conocemos. Ha pasado mucho tiempo y todo ha cambiado. Ahora no tiene tanto tiempo para mí, sólo para su trabajo. Sus clientes no le dejan  ni un minuto en paz. Llevo una vida bastante triste y aburrida. Ninguna emoción. ¡Todos los días son iguales, y el tiempo pasa tan deprisa...! Te levantas, haces los desayunos, vistes y lavas a los niños, los llevas al colegio, te vas a hacer la compra, vuelves a casa y sólo has cruzado palabras tontas con la cajera del supermercado. Recuerdo que mi madre llegaba tan contenta de comprar, se juntaba en la tienda con las vecinas del barrio, allí cotilleaban un poquito, marujeaban y hablaban de sus cosas, de sus maridos, de sus niños. ¡Tonterías...!, pero que  llenaban sus vidas y se desahogaban; luego, con el tendero o con la tendera cuatro bromas tontas:“¿Tienes huevos?”, y el tendero: “soy el que más güevos tiene de toda la tienda”.

Y así era. Era el único hombre. Y todas a reír. Tonterías sí, pero había comunicación. Pero ahora, tanta comunicación, tanto Internet, tanta plataforma digital, para llegar al supermercado y no tener con quien hablar. Y de pronto llegas a la cajera y piensas ¿me dirá algo? Y claro, como los trabajos están así..., a las pobres chicas las meten unas prisas..., y además seguro que  no les dejan estar de cháchara. Así que, vacías el carro en la cinta de la caja y a velocidad de vértigo terminan diciéndote: (con voz rutinaria): 4.835 pesetas, ¿tiene usted las 35?. Luego llegas a casa, y el único consuelo que te queda es oír la radio o que te llame alguna amiga para charlar un rato. - CARLOS: Bueno, pero tu marido no llegará muy tarde de trabajar. - PILAR: A veces sí y a veces no. Pero no se trata de eso. Es que ya no es como antes, como al principio de casarnos. Íbamos al cine, charlábamos, me contaba todo lo que hacía y le ocurría en el trabajo... - CARLOS: ¿Y ahora no? 

- PILAR: No. La verdad es que no ha pasado nada. Quiero decir que sí hemos tenido discusiones, como todo el mundo, pero nada importante. Con la familia nos llevamos bastante bien. Los abuelos se portan muy bien con los niños, y no se meten en nuestra vida para nada. No nos vemos mucho..., bueno, quiero decir que salvo fines de semana, fiestas de cumpleaños y otros compromisos, no solemos vernos. Si acaso cuando alguien está enfermo, una llamadita para ver qué tal va eso. Pero los abuelos se portan bien, tanto los padres de Tomás como los míos. Tengo una suegra que cuántas quisieran. Es muy buena mujer, y si por ella fuera, se quedaría todo el día con los niños. Siempre me dice: “Pili, déjame a los niños cuando quieras y vete con Tomás. Divertiros ahora que podéis”. En casa de mi marido todos me llaman Pili; empezó Tomás hace años, cuando nos conocimos, decía que Pilar le parecía demasiado serio y... bueno la verdad es que me da igual Pili que Pilar.  - CARLOS: ¡ Y tu qué, que no se los dejas! - PILAR: El qué. - CARLOS: ¡A los niños! - PILAR: Si no es que no quiera dejárselos, ya te digo que me llevo muy bien con ella. Es que, para qué. Desde que tuvimos a los niños, todo ha cambiado, hasta me parece que el día tiene más horas que antes. Si no, no sé cómo me da tiempo a hacer todo lo que hago.     Antes nos divertíamos mucho, salíamos con otras parejas, íbamos a casa de unos, a casa de otros, charlábamos muchísimo, nos pasábamos todo el tiempo hablando; ¡de qué íbamos a hacer¡ de todo tipo de ilusiones; pero después todo eso se truncó, y ahora somos igual que eran nuestros padres; todo son miedos, prisas, preocupaciones...      ¿Sabes? Últimamente creo que nadie es adulto hasta que no es padre. No saben la cantidad de cosas que se pueden tener en la cabeza, ni lo que puede dar de sí el día.

     Los dos primeros años de casados estuvimos solos, ¡para disfrutar un poco¡, como todo el mundo; pero no teníamos dinero, y eso que trabajábamos los dos. Había que amueblar la casa, pagar algunos créditos; pero no nos importaba. Llegaba un puente, cogíamos nuestra tienda de campaña, todos los bártulos y en el “dos caballos”, ¡que no cabía un alfiler! , pues venga a la montaña. Y nos queríamos mucho. Nos pasábamos el día diciéndonos tonterías románticas, jugando a cada paso que cruzábamos, y todo eso... Yo le llamaba a su trabajo por teléfono al rato de haberle dejado en la puerta; después me llamaba él. ¡Ya ves!   y acabábamos de estar juntos ¡No teníamos tanto que contarnos! Nos queríamos mucho. No es que ahora no nos queramos, pero no es lo mismo, desde que tuvimos a los niños, tenemos otras alegrías.     Me acuerdo  una vez, a los dos meses de casarnos. Bueno me da vergüenza de contártelo. CARLOS: ¿Por qué? ¡Cuéntamelo! Tu y yo hablábamos mucho, no veo por qué hay que perder ahora esa confianza. PILAR: (Con voz de vergonzosa) Bueno, en honor a la amistad ¿eh?, pero es una tontería.


     Tomás era un hombre muy romántico y creo que muy fogoso; siempre estaba dispuesto, así que un día se empeño en que me quería hacer el amor en el ascensor de casa, ¡ya ves!, y a mi la verdad, me parecía una tontería que estando tan cerca de mi cama, tuviera que estar haciendo numeritos en el ascensor; pero poco a poco y a pesar de que en un principio yo me negaba, me iba resultando más interesante la idea. Yo no le decía que sí, pero por dentro tenía cierto morbo. Así que, recuerdo una noche que habíamos salido con otra pareja a tomar algo, y yo me había tomado un whisky con limón, ¡ya sabes que yo nunca he bebido!, así que, aquel día yo iba “bolinga” total, y cuando llegamos a casa y tomamos el ascensor, Tomás dio al botón de parada entre un piso y otro, y empezó a besarme y a meter su mano bajo mi falda, y no me resistí ni un poquito siquiera, fue totalmente espontáneo, maravilloso, ¡como en las películas!. Pero ahora, la verdad es que ni hablamos, se supone que seguimos queriéndonos, pero ya cuando nos besamos lo hacemos de forma mecánica, sin sentir nada. Antes cuando me besaba había sentimiento; ahora no encuentro diferencia entre besar a mi marido o a mi padre. Veo en él a un padre, es más un compañero que me ayuda en la tarea de cuidar a mis hijos que  un hombre. Verás quiero que me entiendas, que no me interpretes mal. No es que piense que él no es un hombre, ni que no me guste o que no le quiera; sigue siendo un hombre muy atractivo, aunque la verdad ha echado un poco de barriga, de esas que llaman “de la felicidad”; ¡que yo más bien creo que son de conformismo, de dejadez! Pero ya no tiene esos detalles de antes conmigo, ya no me dice ¡qué guapa estás! o  ¿qué es eso que te has comprado? , si te queda bien o te queda mal; ni siquiera me dice que me quiere, y eso para una mujer es muy importante. Claro, él se va a trabajar y ve un montón de chicas guapas en la oficina, ¡que no es que yo crea nada!, pero allí habla con compañeros, con clientes. Después desayunan juntos, van a comer..., y cuando llega a casa ya ha tenido su ración de comunicación y está cansado, aunque tiene tiempo para los niños y se preocupa mucho por ellos, pero conmigo todo ha cambiado. Cuando llega me da un beso como el que enciende la luz de la cocina, pregunta ¿qué tal?, pero espera que le diga que todo muy bien, pone la televisión, ve las noticias, los deportes y cuando nos acostamos no pasa ni un minuto y ya se ha dormido. Luego, los fines de semana: el sábado comemos en su casa y el domingo en la mía. Él habla con el resto de los hombres de sus cosas: de fútbol, de trabajo..., y yo con mis hermanas o mis cuñadas...; y una semana más sin que haya ocurrido algo interesante. Así que, veo en él a un miembro de mi familia, pero yo todavía le quiero, incluso creo que continúo enamorada de él, solo que necesito que él me vea como mujer, y no como la madre de sus hijos. Soy joven, tengo treinta y cinco años y muchas ganas de vivir. Cuando tenía 16 años pensaba que a los treinta y cinco ya se era viejo. Recuerdo que, una vez mi madre vino muy triste a casa, le pregunté qué le pasaba, yo debía de tener  trece o catorce años, porque fue justo después de que me viniera la regla; entonces yo tenía aquellas conversaciones entre madre e hija que luego dejan de tenerse, porque a ti no te interesa comentar los rollos con los chicos, y tu madre se desespera porque ya no te tiene tan controlada; pues le pregunté qué le pasaba, y es que se había muerto una amiga suya, y le dije: ¿qué años tenía?. Treinta y siete, me dijo. Y a mi me pareció lo lógico, a los treinta y siete años uno ya ha vivido mucho y es viejo, al menos así pensaba yo desde la perspectiva de adolescente de 13 ó 14 años. Debía ser porque una empieza a hacerse mayor y se cree que aún quedan muchos años para llegar a esa edad, y que a los cuarenta ya se ha vivido todo lo que se tenía que vivir; pero resulta que ahora soy yo la que tiene treinta y cinco y te digo la verdad, se me ha hecho tan corto que, no me ha dado tiempo a nada. 

- CARLOS: De todos modos no debes de preocuparte, como tú dices eres aún muy joven, y tus hijos son aún muy pequeños. Te debes a ellos, al menos un poco tiempo más, y la vida gira como una noria, nunca se sabe. Tu situación actual no es tan mala, incluso te diría que es muy buena. Siempre se dice eso de la salud, y por lo que me cuentas, en tu casa la hay a raudales. Que ahora te encuentras un poco sola, es natural, el paso de ser libre a que dos niños, dos vidas, dependan de ti, no deja de ser muy importante, y aunque sea ley de vida, es lógico que te sientas un poco atada. Además, los tiempos han cambiado tanto desde nuestros padres a nosotros... Antes un matrimonio separado era un caso insólito que estaba muy mal visto, y los hijos de padres separados ocultaban esto como si fuese un delito; pero hoy, lo insólito es tu caso, el de una mujer con dos hijos sanos, un marido que se preocupa por ellos y una familia unida, y claro, a ti lo que te ocurre es que conocerás a mucha gente que se ha separado o que no se ha casado y llevan una vida totalmente distinta a la tuya, pero te aseguro que también ellos están asqueados de su situación y seguramente les gustaría estar y tener una familia como la que tú tienes. - PILAR: ¿Y tú por qué sabes tanto de eso? - CARLOS: Porque mi vida ha sido un caos absoluto desde que me casé. Primero, mi suegro me obligó a firmar una separación de bienes, por temor a que si un día ocurría algo yo pudiera reclamar y llevarme tajada. Esto generó un clima de cierta desconfianza entre su familia y yo. Aparentábamos que era normal y que no ocurría nada por ello, pero a mí me molestó mucho. Mi familia no era multimillonaria pero, nuestra situación, como recordarás, era muy buena. Al poco tiempo de casarme, dos meses más tarde, recibí un telegrama: mis padres habían muerto en accidente, su coche había chocado contra un camión. - PILAR: Con voz apesadumbrada. Lo siento muchísimo, no sabía nada, me dejas totalmente helada. - CARLOS: No importa ya hace seis años, y al menos eso lo tengo superado. Si algo aprendí de ese trance, es que siempre hay que estar preparado para las noticias desagradables.Mi matrimonio no funcionaba del todo bien, había algo, una carencia. En aquel momento pensamos que sería bueno tener un hijo, así que Merçé quedó embarazada y tuvimos una niña muy guapa y muy buena, que está pagando los defectos de sus padres; pero tampoco hay que alarmarse demasiado, todos sufrimos los defectos y virtudes de nuestros progenitores y la vida sigue. - PILAR: ¿Por qué hablas así?, me estás asustando ¿tan mal va tu matrimonio?. 

- CARLOS: Bueno, ahora ya todo ha pasado, pero sí, han sido unos años bastante complicados. La muerte de mis padres fue muy dura para mí. Como sabes yo era hijo único y mi única familia eran ellos y dos tías, hermanas de mi padre que vivían en Buenos Aires, así que como podrás comprender por la distancia tampoco teníamos una gran confianza, y para cuando pudieron venir a Madrid ya había pasado todo, ya sabes todo el tema ese de las autopsias, papeleos, funerarias...¡los accidentes de tráfico son tan repentinos que destrozan doblemente!. Luego vino todo lo de   los negocios de Papá, ¡tuve que venderlo todo! Yo no sabía, ni quería hacerme cargo de eso ¡espero que él me haya perdonado! Toda la vida poniendo ilusión para que yo me hiciera cargo de ello, y ya ves. Mi padre pasó su vida soñando con tener un hijo o un nieto a quien formar en el arte de los negocios, ¡así lo llamaba él! Y mira al final él, bueno ellos, murieron muy jóvenes, y yo no tuve un hijo sino una hija. - PILAR : ¡Debió de ser muy duro! ¿verdad? - CARLOS: Sí lo fue, pero la vida continua, y como te digo ya hace seis años y está superado.     Voy a contarte algo muy importante para mí, pero necesito de tu comprensión. (Reiterando lo que Carlos dijo anteriormente)- PILAR: Puedes contar conmigo, siempre fuimos buenos amigos y eso no puede haber cambiado. - CARLOS: Lo sé y por eso deseo contártelo.

     El motivo de estar hoy en Madrid es que me vuelvo a vivir aquí. Barcelona me ha tratado muy bien, incluso tengo un nombre entre los arquitectos de Cataluña, pero no me conviene continuar allí.

     Después de tener a mi hija, mi mujer, bueno, Mercè, prefiero llamarla así, decidió dejar de trabajar para atender ella personalmente a la niña. Decía que en su familia todas las mujeres habían dado el pecho a sus hijos y les habían educado, al menos hasta la edad escolar. Sólo en alguna ocasión, por algún compromiso, consentía  que la niña quedase con alguna canguro. Así que como compartíamos despacho, me quedé sólo. Hasta entonces todo el tema de llamadas, papeleos, cosas de oficina... los llevaba ella; decía que era mejor para el despacho que ella actuara como esposa en vez de como compañera de despacho. Entonces hubo que meter una chica que hacía quinto de arquitectura, hasta la eligió ella, era una chica muy competente y muy atractiva, y todo fue sobre ruedas hasta que un día, pasado un año y medio, me marché con unos clientes y me dejé el teléfono móvil en el despacho. Dos horas más tarde decidí volver porque me tenía que marchar de viaje y necesitaba el teléfono, y cuando entré en el despacho sorprendí a Susana, que era el nombre de la chica, haciendo el amor con un cliente encima de la mesa. Yo nunca había tenido ningún problema con ella, a mí me respetaba muchísimo. Cuando hablé con ella con intención de despedirla, porque si hubiera sido su novio, vale, pero con un cliente..., vete a saber a quien se lo habrá ido contando, y eso, la verdad, no da buena imagen, al menos así pensaba yo en ese momento; bueno, pues hablé con ella, se echó a llorar y me confesó que a veces tenía ataques de ninfomanía. Yo, la verdad, pensaba que eso sólo pasaba en las películas, pero como dice la canción: “La vida te da sorpresas...”.  El disgusto en casa fue tremendo porque esta chica tenía el despacho controlado, además había un clima de confianza muy bueno, y Merçé confiaba plenamente en ella; pero, después de esto, por mucho que yo le prometía, no podía creerse que yo no hubiese  aprovechado la situación, así que, arreglado el problema, decidí meter a un chico, tenía..., bueno tiene veintiséis años y cuando entró hace un año y medio acababa de terminar la carrera. - PILAR: Perdona que te interrumpa. ¿Metiste un chico porque ella tenía celos? - CARLOS: No, espera. Fue para evitar que pudieran existir celos. Pues este chico, que se llama Miguel, se hizo cargo de todo muy rápidamente y además Merçé estaba encantada con él. Era un chico gallego, que no tenía familia en Barcelona, así que, muy a menudo venía a comer a casa.En una ocasión tuve que viajar a Sevilla, y pensé que sería bueno que él me acompañara. Cuando llegamos al hotel había habido una confusión y sólo nos habían reservado una habitación. Aquella noche estuvimos de copas, y a mí me daba un poco de apuro intentar ligar con alguien porque él disfrutaba de la amistad de Merçé y mía, y me parecía una falta de respeto hacia Merçé. Así que nos fuimos a dormir algo bebidos, y no sé ni cómo ni por qué, pero mantuve una relación sexual con él que me pareció absolutamente satisfactoria. - PILAR: Siento si pongo cara de extrañeza, pero imagínate mi sorpresa. - CARLOS: Lo comprendo, a mí también me sorprendió mucho. Bueno, pues el día siguiente y muchos otros, yo fingí que no había ocurrido nada y él hizo lo mismo. Además, noté que estaba totalmente avergonzado, sin embargo, desde aquella noche había un afecto muy sincero entre nosotros. Un mes más tarde, aproximadamente, hubo que volver a salir de viaje. Yo quería que él viniera y él también, pero evitábamos cualquier conversación o alusión a ello. Y fue el propio cliente quien llamó por teléfono para opinar de lo conveniente que sería que Miguel asistiera a esa reunión.Cuando volvimos del viaje teníamos todo absolutamente claro y pensado.

Estoy totalmente enamorado de un hombre nueve años más joven que yo. Todo lo tengo asumido y llevo seis meses viviendo con él y separado de mi mujer, bueno de Merçé.¿Comprendes ahora por qué dejo Barcelona? - PILAR: Sí, te comprendo, y además aunque ahora mismo todo lo que me has contado me parece muy duro, sé que has actuado consecuentemente. Vuelven a escucharse de fondo los sonidos de la cafetería - CARLOS: ¡Las 11,30!, El tiempo ha pasado volando. (A voces) ¡Camarero!. - CAMARERO: Dígame - CARLOS: ¿Qué le debo? - CAMARERO: Setecientas veinte. (Se oye el sonido de las monedas). Adiós, buenos días. Cesan los ruidos de cafetería y empiezan a escucharse los de la calle (ruidos de coches, etc.) - CARLOS: Bueno Pilar, me ha gustado mucho hablar contigo. Toma te voy a dar una tarjeta con el teléfono del móvil. Llámame, por favor, dentro de muy poco estaré ya instalado aquí.(Dos besos) Venga, hasta luego. - PILAR: ¡Hasta luego, te llamaré..., y gracias por el café y los churros!

                                                            EPILOGO  Comienza a oírse de nuevo la danza china de “Cascanueces”, Tchaikowsky, y dura hasta el final, aproximadamente un minuto y veinte segundos,  según versión.Ya en casa con los niños, a la hora de la cena. - PILAR: ¿Quién quiere tarta de postre? - TOMAS: ¿Has comprado tarta?  - PILAR: No, la he hecho, y de manzana. - TOMAS: (Contento) ¡Hacía mucho que no la hacías, con lo que me gusta! - PILAR: Pues por eso te la he hecho, porque sé que te gusta. - TOMAS: Se levanta y da dos besos a Pilar. - PILAR: (Risueña) ¡Que están aquí los niños! - BEGOÑA: Mami, yo también quiero tarta. 

- JOAQUÍN: y yo. - PILAR: Tomad, si hay para todos.             Termina la música y la obra.                          

      LOS CHURROS EN MADRID SON OTRA COSA  

            

Viaje a Túnez

por Jesús
sábado, 24 de febrero del 2007 a las 13:17

Hace una semana que he venido de un viaje a Túnez.

Bueno... ya había estado hace unos años en Marruecos y hace dos en Egipto, aunque la única conexión entre estos tres paises es la religión, pero qué más queréis si esto les mantiene en un estado incoherente con la realidad del momento en el que vivimos.

 Es sorprendente ver cómo puede vivir la gente a caballo entre el pensamiento religioso y la multitud, yo diría casi la totalidad de tejados sin tejado, azoteas de las proximidades del desierto llenas de antenas parabólicas para captar todas las imágenes que el resto del mundo emite constantemente.

La verdad es que no he tenido la oportunidad de compartir ni un sólo día en casa de una familia poseedora de éstos enormes platos con cuerno que colocamos en los tejados y nos conectan con un mundo lejano, con un planteamiento de vida ajeno al nuestro, y claro, no puedo decir de qué forma influye ni cuál es la opinión de los que ven este otro mundo a través de una pantalla de televisión y en tiempo real tanto noticiario manipulado tanto desde oriente como de occidente, de modo que sólo me pregunto qué pensará, qué pasará por la mente de un niño de 15 años o de 16 en plena adolescencia, en pleno desarrollo de su personalidad cuando ve por la televisión cómo viven en otros lugares y como no pueden vivir igual allí.

El simultanear en el día a día, el móvil, la televisión, internet, etc., es decir todo aquello que nos conecta con el mundo y al mismo tiempo no dejar al pensamiento el libre divagar, se me hace harto complicado.

La verdad es que en estos viajes uno hace únicamente lo que le dejan hacer, uno ve sólo lo que le dejan ver y uno recibe la información que sólo le quieren dar. El viaje, como todos los anteriores a paises islámicos y aún con todo lo que aluciné en Egipto, no deja de ser un engaño.

Esclavitud temporal

por Jesús
sábado, 24 de febrero del 2007 a las 10:30
guardado en

Hoy hace 25 años que a estas horas de la mañana me disponía a preparar un ligero equipaje para hacer un largo viaje de 12 horas y un regreso a casa no definido en el tiempo. Mi tristeza, mi agonía, mi falta de interés en lo que el Estado me obligaba a hacer por haber nacido aquí, me tenía desencajado y sin ilusión.

Abandonaba a mi novia de entonces, abandonaba mi ilusión juvenil por crearme un futuro, dejaba paralizado todo, supuestamente durante un año y tres meses.

En el mejor de los casos, como se decía entonces, si pasabas de todo, podías pasar esos meses incluso hasta divirtiéndote; pronto averigüe que no sería así en mi caso.

Pasé el peor año de mi vida, no tuve ninguna enfermedad física, pero soporté sin dignidad ninguna el que una pandilla de imbéciles, analfabetos en algunos casos, aparándose en uniformes y chapas colgadas de sus hombreras y su pecho, abusaran de un poder otorgado por quienes habían sufrido igual tipo de vejaciones.

Es del todo impensable que alguien de 20 años en esa época pudiera revelarse contra lo establecido, no siendo que tuviera la cobertura de una familia influyente, bien por tener dinero, bien por tener amigos militares de graduación.

Sin embargo ví con asombro que algunos compañeros eran felices con lo que les estaba ocurriendo, que se sentían orgullosos de estar ese año sirviendo a éstos parásitos de la sociedad en tiempo de paz, que no les importaba en absoluto, incluso contaban como grandes anécdotas este servilismo particular hacia estos militares.

Sufrí de hambre, aunque no pareciera que en esta época eso fuese posible, fue así, llegué incluso a comer la comida que previamente tenía que presentar a un coronel para su pastor alemán, que la verdad fue el mejor de todos los servicios que tuve que hacer porque al menos el perro era agradecido y buen compañero.

LLegué a ir a enfermería en tres ocasiones por palizas recibidas por un teniente que era enfermo mental, que maltrataba a todos los compañeros y más a mí que ninguno por no ceder a su absurdo ordenamiento diario. Me preguntaba si no estaba haciendo el tonto, siendo poco inteligente no cediendo a sus peticiones, no siendo algo más pelotilla, no comiéndole el coco como se decía, puesto que yo era más inteligente que él. Pero el orgullo juvenil no me permitía hacerlo y ello me hizo crecer, me hizo entender que no debía permitir nunca más a nadie que se me adelantara en algo o me perdiera el respeto.

Sin embargo entonces hubiera sido imposible haberse impuesto a aquel hombre. Él trataba desde hacía muchos años a diario con miles de chicos de mi edad, de toda clase social, de todo tipo de pensamiento, de todo tipo de carácter, además tenía todo el poder que se pueda imaginar; nadie se atrevería a contrariarle en nada, ni teniendo que defender con razón a un compañero, ningún otro soldado se habría atrevido a contrariarle. Él sólo daba novedades a un coronel que era tan malo como él, que estaba conpinchado con él en la obtención de combustible gratis, de cambios de aceite y todo tipo de mantenimiento gratuito, además obviamente, de tener los coches limpios todos los días y en todo momento a coste cero, con mano de obra gratis. Yo ya entonces llamaba a aquello esclavitud temporal, hoy sigo pensando que fue efectivamente eso, esclavitud temporal.

De allí no podía salirse sin autorización, ésta sólo te llegaba si ese teniente o coronel te la daba, y durante doce meses nunca se me dió. LLegué a acumular hasta dieciocho meses de arresto, por razones que algún día enumararé y que harán reir, pero que hoy no deseo, puesto que este escrito es más un desahogo de protesta que de reirme del pasado.

No, no es para reirse, aunque pueda hacer gracia 25 años más tarde. Quizá tampoco para vengarse, pero sí para darlo a conocer.

 

A primera hora de la mañana

por Jesús
sábado, 24 de febrero del 2007 a las 10:04
guardado en

En el momento en el que hoy me detengo a pensar en mi vida, me planteo seriamente si no estoy perdiendo la oportunidad de hacer algo por los demás.

El sólo hecho de pensar en mi mismo y en los más próximos o por quienes más cariño siento, quizá no sea suficiente, el llevar una vida lo más coherente a mis pensamientos y ser honrado en mi hacer, en mi trabajo, en mi vida en definitiva, quizá no sea suficiente. Porque qué pensaré en el último momento si la vida me permite ese momento, es decir, si llegado el momento, la hora de mi muerte, soy consciente de que llega y sólo he de conformarme con no haber sido mal ciudadano, mala persona, mal amigo, mal compañero en ese viaje de la vida.

No me importa qué hay detrás de la vida, nunca he creido que hubiese algo más, sin embargo y por contradictorio que resulte, sí me preocupa qué se pensará de mí una vez desaparecido. Desde luego que nunca lo sabré, pero el hecho de que la gente que me ha conocido, quienes han tenido relación conmigo, no se hayan sentido satisfechos con mi forma de hacer o simplemente no hayan comprendido que dentro de mi personal forma de pensar y opinar no existía nunca un mal pensamiento me entristece.

De modo que qué he de hacer para que lo que me quede de viaje esté bien aprovechado, qué he de cambiar para que no sólo los más cercanos puedan aprovechar de mi el paso de mi vida.

En los últimos años han proliferado las O.N.G. y yo aún no he visto en ellas una salida para ser mejor persona, sin embargo soy consciente de su necesidad, de su labor, del altruismo de la inmensa mayoría de sus integrantes, por desgracia no de todos.

La Religión ha ofrecido siempre un gran refugio para quienes piensan que hacen poco por la humanidad, pero es tan fuerte su proselitismo, su necesidad por competir en ser los sucedáneos del acercamiento al más allá, a Dios, que tampoco me han satisfecho el deseo de pertenencia a su pensar.

Sé que con que cada uno de nosotros hiciese lo mejor por los demás a pequeña escala sería suficiente, pero sé también que hay muchas personas que están luchando por hacer un mundo mejor de forma poco conocida. Soy consciente de que en este mundo actual, los medios de comunicación, el marketing, la proximidad a los políticos y a las mafias que muchos de ellos en paises sin control ejercen, ayudan a mitigar el sufrimiento de los más necesitados, y esto es lo que resulta más doloroso, saber que para mitigar el sufrimiento hay que estar al lado de los que se aprovechan de él, saber que ni las leyes, ni los paises fuertes, democráticos, tienen en su poder el hacer un mundo menos cruel.

De modo que una vez más llego a la misma conclusión, de qué sirve una democracia, ¿sólo para saber que de lo habido no es lo peor?, ¿sólo para poder decidir entre un montón más de gente quién va a ser  el grupo social que va a mandar por un periódo de tiempo? Si esto es todo lo que puedo hacer, no es bienvenido ni tranquilizador, mi deseo no puede quedar simplemente ahí, mi deseo de una convivencia llana, relajada, sin mejores ni peores, sino simplemente gente con principios y dignidad.

He arriba, en las anteriores líneas, la utopía del pensamiento bondadoso, y no, no se puede, es inviable pensar que algún día el mundo será mejor, siempre ha sido así y seguirá siendo tan cruel. Simplemente tendremos la suerte de haber nacido en uno u otro lugar.

 

Sobre el blog

La estrecha línea del pensamiento subjetivo

Este blog no pretende otra cosa que dar rienda suelta a pensamientos e ideas que han ido y siguen surgiendo en mi vida.

En él pretendo dejar escritos de todo tipo que he ido guardando y datos de mí que no tengo con quien comentar. En definitiva un pequeño desahogo que no tengo inconveniente en compartir.

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